11 septiembre, 2020

Patria con valor y sin barbarie

“La patria es el sabor de las cosas que comimos en la infancia” dijo Cardoza y Aragón a quien la guerra, las discordias y la dictadura arrancaron de su país de nacimiento, quitándole la bendición de caminarlo y regalándonos la de su exilio entre nosotros.

Recojo ahora la sabiduría de su frase para asirme a ella y asegurarme de que la patria es tantas cosas como nuestra memoria y nuestros afanes puedan volverla.

La patria no es sólo el territorio que se pelean los políticos, asaltan y roban los criminales, quieren para sí los discursos y la fiebre de las acusaciones y desvaríos. No es el nombre que exhiben como suyo quienes le gritan vivas.

La patria es muchas otras cosas y está en el mundo todo. Hay que temerle a la patria que se aclama y al patriotismo que se pregona. De esas patrias están hechos los destierros y la aflicción de tantos en todos los tiempos.

Está difícil este septiembre al que en nuestro país llamamos “mes patrio”. Pero hemos de andar por él, con valor y sin barbarie. ¿Verdad?

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31 enero, 2014

Mes corto, largo día.

Primero la disculpa. El sitio había perdido al sitio, pero ya lo encontró. Así que les cuento:
Enero ha volado. Como cada mes y todos los meses. Ayer decía un cortador de limones michoacano al que entrevistaron para que diera su opinión sobre las autodefensas y cómo habían cambiado las cosas desde su llegada. Para explicar que iban mejor, el hombre dijo: “Antes se cortaba un día sí y dos no, un día sí y tres no. Porque a veces daban trabajo y a veces no. Ahora se corta un día sí, y otro día sí, un día sí, y otro día sí, un día sí y otro día sí.” Del hombre le colgaba una tijera de dos varas largas que terminaba en dos cuchillas. Un instrumento alto para alcanzar los limones. Y él tenía una cara de cuchillo pálido, le faltaban las muelas del lado derecho y veía al frente como dispuesto a marchar. Estaba en la fila de quienes iban entrando a cortar limones. Hace tiempo que Los Templarios impedían cortar limones en otras huertas, para controlar el precio vendiendo sólo los suyos. Todo esto para decir que he andado despistada un día sí y otro sí, un día sí y otro sí. Se me olvidan las cosas. Hago todo muy despacio. Quiero escribir un texto sobre la casa de la infancia y el modo en que a todas partes la llevamos. No lo he escrito porque no encuentro el momento mental para hacerlo. Porque aquí, en la máquina, frente a mi escritorio, pasó buenos ratos leyendo, pero sin la concentración fascinante que pide escribir algo unitario. He visto a los niños que gustan de armar rompecabezas, los he visto concentrados como quien hunde la mirada en el infinito. Escribir así, con esa concentración, es una forma perfecta de la felicidad.

Punto y seguido: En cambio he andado dispersa. Y hago cosas que me hacen pasar vergüenzas. Hace tiempo le pedí a la secretaria de un mi amigo influyente en Telmex, que me diera de baja un teléfono. Por andar de oportunista pidiendo favores se creó una confusión. El número se dió de baja en el banco, así que ya no se paga de manera automática, pero no en Telmex, así que lo dejaron puesto y cada mes lo cortan por falta de pago. Entonces empiezan las llamadas de los cobradores y mi no hacerles ningún caso. Por fin pago y vuelve a empezar la historia. Cuando pasa un mes lo cortan, cuando pasa otro rato empiezan a llamarme, y así. Hasta que un día me desespero y le hablo otra vez a mi amiga para que me diga qué hacer. Me manda a un señor Vicente, muy amable y circunspecto que me pide pagar, sacar una copia del recibo de pago y mandársela junto con una copia de la credencial de elector del dueño de la línea, leáse el doctor Aguilar. Cuando me dio, hace dos meses todas esas instrucciones, yo le dije que prefería pagar, ir al banco a ver que volvieran a domiciliar el pago y no darlo de baja. Eso de mandar copias me aterra. Es un trámite dentro de otro trámite. Me da pavor. Así que lo mandé pagar y se repitió la historia. Al cabo de un mes no llegó el recibo, no pagó el banco, cortaron el teléfono. Cuando vinieron los del conmutador para otra cosa les pedí que sacaran la línea de la primera opción de sonido y la olvidé. Hasta que antier, ocupado el 277, Héctor levantó el 272 y le salió la grabación. Me preguntó y me mostré, en verdad, incapaz de recuperar la historia. Entonces fue cuando verdaderamente enloquecí: volví a llamar a mi amiga y ella volvió a llamar a la dirección encargada y el señor Vicente me llamó demudado. Me recordó nuestra conversación. la oí como por primera vez, pero sabiendo que era cierta.Sigo sintiendo vergüenza. Y sigo confundida. No sé si hacer el trámite de darlo de bajo o el de enlazar el pago. Lo cierto es que me da igual. Pero algo tengo que hacer dado que algo tengo que hacer. Me gustan los caracoles de mar. Son igual de absurdos que esta historia. Les ponen el oído en la curva final y oyes las olas. Vienen de las olas y las traen.

Dos puntos: Me fui a pintar el pelo que ya daba pena. Luego fuimos a comer a casa de los T en San Angel.

Ahora, vuelvo. Héctor manejó con gran paciencia. Bajamos por Revolución. A cero por hora. En la comida conversamos tanto como comimos. La mesa integrada por los T, los F, los L y nosotros. Diré que la conversación fue inteligente, amable, divertida. De todo. A veces, muchas, la edad. Los T, 75 y 76, han decidido heredar a sus hijos de una vez. Y ya hicieron rifas y dilucidaron qué se llevará cada quién. Yo les he dicho que me parece muy extrema su actitud. Hacer eso en diez años tendría lógica. Y ni así, porque está muy bien hacer la rifa y que se sepa muy bien qué hereda quién, pero no está bien que se lo lleven. pero C es una mujer suave y alegre. Se rié y dice que así le gusta. De modo que su casa se volverá minimalista. Su casa es una preciosidad. Al verla se me antojó ponerle más cosas a mi casa, la volví muy “conceptual”. Mejor dicho, más fácil de sacudir.

Punto y llora: En las nochecitas es cuando extraño más a la antropóloga Guzmán. Leáse mi madre. Muchas veces le hablaba a estas horas. Aún cuando estaba sana. Y platicábamos. De lo que fuera. Por fortuna alcancé a decirle cuánto la admiraba.

Hace frío. Los T son doce años mayores que yo. Me han dejado pensando. Nosotros que andamos viendo qué hacer y ellos que ya quieren dejar de hacer.

Punto y perros: Greta me mandó la foto de un perrito snauser. Ni sé cómo se escribe. Es igual al Nino y lo vio en Mascota. Lorena me mandó la de un perrito french que está en un refugio. Se ve muy chistoso. Tiene dos años y lo encontraron perdido. Me recuerda al Juego, el amigo al que perdí. Si de uno me hago, será de ése.

El blog no había cambiado en tres días, pero cómo me estoy recuperando del silencio.

Punto y muy aparte: Vuelvo a los autodefensas. Denise Mercker hizo un resumen de su ya larga serie de reportajes. Según recuerdo, su mirada fue la primera en hablar de eso. Hace un año. A mí estos señores me atrajeron siempre. Una multitud de campesinos que se niega a ser avasallada. Campesinos ricos y pobres, pero todos aplastados por los caballeros templarios. Unos pillos con nombre. Ya les robaban a las hijas chiquitas y se las devolvían embarazadas. Esta atrocidad los decidió a unirse y sacar las armas. ¿Qué va uno a decir? Había que pagarles a los pillos para tener permiso de todo. Hasta de vender cremas de casa en casa. Se sublevaron, se pusieron a hacerse justicia dado que el gobierno no se las daba. y hasta ahora han volteado a verlos con el ánimo de convencerlos para que se unan con las fuerzas del Estado. Ojalá.

Punto: Mi comadre Marisol me preguntó si le voy a hacer una despedida a Greta. Dice que ella tiene unas muy bien preparadas. Con los juegos, las frases que les decían las aztecas a su hijas, las adivinanzas de sor Juana. Luego se ríe y me dice lo que decía su madre de las suegras. No se los cuento. Casarse es una decisión seria, pero diría la antropóloga: el asunto es que estén contentos, sean de provecho y hagan patria.
Por otro lado Catalina me avisa que me avisará y que la película “Las horas contigo” fue aceptada en el Festival de Cine de Guadalajara.

Punto y final: Antier Nicolás Medina Mora recibió el premio Carlos Pereyra. Lo ganó con un ensayo sobre José Lezama Lima y los monstruos. De eso les hablaré mañana.
Poesía para hoy: “Quede tu brazo alzado/lo reconoceré pendiente/más de prisa en su sueño” JLL

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