25 febrero, 2018

Juzgar (bien) a Karla Souza.

Cuidado con no creerle a Karla Souza. ¿Qué necesidad tendría ella de andar declarando nada? ¿Por qué lo dice ahora? Pues porque el orden del corazón y la cabeza no siempre coincide. Y la gente tiene sus tiempos. No es fácil contar el dolor y la decepción, pero contar el abuso, decir lo que lastima, decir ésta fui yo y esto me pasó, es muy difícil. Más aún si se corre el riesgo de que no te crean. De que encima te llamen provocadora, coqueta y abusiva.
Juzgue usted, dice un tuitero tras contar necedades. Y sí. Juzgo yo y, conmigo, muchos otros. Porque también hay hombres, y también muchos, con el talante y el talento en su lugar. Me parece tan lógico creerle a Karla Souza. Si se sintió abusada es porque lo fue. Y no importa si al parejo es preciosa y sonríe. Lo cierto es que ha sido valiente y que la ha pasado muy mal. ¿Para qué alguien como ella tendría que ponerse a contar acoso sexual? ¿Para volverse famosa? Ya lo es. ¿Para hacerse la interesante? No. Para tener paz interior, para respirar de otro modo, para quitarse un peso se encima. Quizás para ayudar a otras.
Leo en Twitter cómo la desafía la gente. Cómo la retan. De qué modo intentan volver culpable a la víctima. Como si serlo no fuera suficiente estigma. ¿Callarse hubiera sido más elegante? ¿Esas cosas no se dicen? Con lo que he leído esta tarde, tengo para estar segura de que la tendrá muy difícil Karla. Pero el silencio cansa y es aún más difícil.
Apena reconocer que a nuestro país y a nuestra sociedad le falta mucho tiempo para entender y apoyar cabalmente a quienes no piensan seguir dejándose maltratar. Y la vida también es generosa y aunque muchas veces no lo creamos, la verdad pesa en el ánimo de otros.
“Que el corazón no se pase de moda”, y que se juzgue y se quiera bien a quien lo usa para contarse con honradez.

Punto y seguido: Escribí esto el pasado jueves en la noche y creí que lo había subido al blog. No lo hice. Queda claro que me persigue el absurdo cotidiano. Más vale tarde, aquí lo dejo con todas las ganas de aún estar a tiempo.

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