No se nombra a la UNAM sino para agradecer. Para mí, como para tantos, la UNAM no sólo fue mi casa de estudios, fue un regalo que aún atesoro. No tengo cómo pagarle a la vida el lujo de haber pasado un tiempo esencial en ese espacio de luz que son sus edificios, sus jardines y, sin duda, los amigos y maestros con los que ahí se vive.

Ilustración: Alberto Caudillo

No se nombra a la UNAM sino para agradecer. La palabra lealtad está asociada siempre a esas letras. No entiendo que pueda ser de otra manera, por eso no entiendo a quien la nombra para agraviarla. No entiendo a López Obrador. Y me aflige, como a tantos, el trato que le da, la obsesión de los días recientes lastimando su nombre y su legado.

Llamarla nuestra alma mater puede parecer una exageración, pero para algunos, con toda certeza para ésta que escribe, nuestra índole, que es el sinónimo de alma, terminó de forjarse ahí y somos en buena parte lo que ahí aprendimos, lo que ahí se nos dio.

Sin duda los sueños que más conmueven nuestro ánimo son esos que se cumplen antes aun de que el destino los haga cruzar por nosotros.

Digo esto con una prueba entre las manos. Llegué a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México a principios de l971, mucho antes de haberla soñado como la tierra de promesas cumplidas que sería. Entre sus muros y su gente estudié periodismo; aprendí a buscar la verdad como una mezcla de verdades, la tolerancia como una virtud, la duda como la más ardua y sensata de las virtudes.

El presidente López Obrador es cuatro años menos viejo que yo. Así que sabe lo mismo y lo mismo tiene que agradecer.

 

Ángeles Mastretta
Escritora. Autora de Yo misma. AntologíaEl viento de las horasLa emoción de las cosasMaridosMal de amores y Mujeres de ojos grandes, entre otros títulos