Mientras miro el cielo gris de estos días ciegos, oigo pasar a un cilindrero que toca un son muy viejo. Se llamaba La cama de piedra, nos enseñaron a cantarla durante los largos viajes en coches, porque esas canciones, tremendas y aleccionadoras, nos enseñaban a los niños. Lo mismo que la de Rosita Alvírez y la de Pancho López. Puras predicciones. Dice una estrofa: Subí a la sala del crimen/le pregunté al presidente/que si es delito quererte/que me sentencien a muerte.
Gran canción. Como para dedicársela a la democracia.