En AFRICAM, a muy poco tiempo de la muerte de Amy Camacho, nació un elefantito. Aquí abajo les dejo el parto. Tan natural, tanto, que la mamá elefante lo parió y siguió parada y moviendo su trompa.
Sabe de muchas desgracias la familia de los elefantes. Sabe de cómo los usaron en los circos y los mataron para quitarles el marfil de los colmillos. Aquí están protegidos. Ojalá y pudiéramos saber cómo nos ven, si compasión nos tiene o los avergüenza tener trato con la especie humana.
Dirán ustedes que qué hago hablando de estas cosas cuando en nuestro país crecen la crisis de salud y la económica. No pueden decirles bien la causa. Quizás es que de repente me latió dejar aquí algo que parezca de otro mundo, que nos recuerde de qué tamaño somos y nos ayude a querer la vida nuestra y la de los demás, como lo efímera y al tiempo milagrosa que es. Les dejo un beso. Por aquí, que todo se puede.

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