¿Cómo lo sé? Porque he tenido más tiempo para indagar el misterio. De repente aparece en el jardín un cascarón de huevo. Otro día medio aguacate. Una tarde un plátano entre las macetas. Muy raro, decimos. Hemos dicho. Hace años. ¡Qué raro! Y a otra cosa.

Hay, frente a mi ventana, un muro bajito que va de un techo de cristal a la azotea. A cada tanto lo manchan las huellas de una patitas que no son de ardilla, ni de rata, ni de conejo, ni de gato. Pero sí son de una animal sigiloso, nocturno, ágil. Como ahora intervengo, no de manera decisiva, pero sí notoria, en lo que pasa por mi casa, tropiezo a menudo con los rastros de su delicada digestión. Ya los tenía vistos, pero no me había detenido a mirarlos. Ahora voy por un escoba. O quiero ir por una escoba. O pienso que debería ir por una escoba. Y me pregunto, casi como miss Marple: ¿Quién es este bicho? ¿Por qué nos visita? ¿De dónde viene? ¿Y cómo hace para nunca ser visto?

Alta filosofía doméstica. Nunca me daba tiempo de indagar bien. Luego, en la tarde, al ratito, quién sabe qué será. Pero no es ardilla. No, no es ardilla. ¿Qué será? Y a otra cosa. Hasta que el generoso tiempo que ahora ocupa el lugar de la prisa, me lo permite. Tengo una demorada conversación con Tere, una vecina activa, altiva e inteligente, en torno al misterioso destino del Bosque de Chapultepec. Y a la mitad, a propósito del silencio de nuestras calles le pregunto si ella sabe qué será eso que hace eso. Ella es una pintora llena de alegría que sabe cosas de la casa y las casas de la colonia San Miguel Chapultepec, como solo muy pocas. “Es un cacomixtle”, me dice como quien resuelve una obviedad. “Estaban desapareciendo, pero ahora hay muchos en la colonia”. Yo la oigo como si me descifrara unos versos del Talmud. ¿Un cacomixtle? ¿Cómo hace para no ser visto nunca? ¿Para que no lo oigamos? Y como es que hasta ahora me estoy  haciendo cargo de que por las noches, a la casa, llega un cacomiztle. Dicen que tienen cara como de zorritos y una largo cola anillada. Lo que es abrirles un hoyo a los misterios que no tenían importancia. Y encontrar  que la tienen.