Alguna vez me atreví, como pocas en aquel tiempo, a imaginar que un día los hombres, incluidos los intelectuales, se harían cargo de dirigirle un pensamiento a la naturalidad con que se aceptaba que el aborto estuviera prohibido sin que nadie se alterara.

Llevo cuarenta años escribiendo en torno al derecho de las mujeres a decidir sobre su embarazo. Y como quien teje en una rueca inservible, cada vez más triste porque tras tanto hablar y escribir sólo hemos conseguido que se despenalice el aborto por cualquier motivo, -no por injusticias, violaciones o peligros-, nada más y nada menos que porque así se necesita y se quiere,en la Ciudad de México.

Ilustración: Víctor Solís

Muchas veces, como tantas otras, he pensando que le hablamos al aire y que en esto estamos solas. Mesas y mesas con mujeres como las únicas interesadas. Me llegó a parecer natural. Asuntos de farmacia y notarías. Enfermedades y muertes contadas e investigadas por patriotas y feministas como quienes crearon y trabajan en GIRE.

Me acostumbré a que Marta Lamas me pidiera a mí y sólo a mí en este lado de mi familia que la acompañara en el tema.

Sin embargo, hace poco, oyendo a dos de los participantes cotidianos en el programa “La Hora de opinar” al que acuden los lunes, Leo Zuckerman, Javier Tello, Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, deslicé la posibilidad de que les interesara hablar del asunto en tan heterodoxo, en lo que a temas se refiere, cónclave. Y me hicieron caso. ¡Oh extravagancia! Se pusieron a pensar en eso. ¿Y qué sucedió? Para mi absoluta sorpresa a muchas mujeres les disgustó que estos cuatro señores se metieran en lo que no les importa. Las cosas de mujeres se hablan entre mujeres, para mujeres y con mujeres.

Para mi entender, el mundo al revés.

Lo que yo pensé que debería ser una ganancia, provocó un disgusto.

¿Por qué estos hombres en el tema? Una querida amiga cuyo criterio y talentos respeto mucho, Sabina Berman, propuso que las mujeres habláramos de la eyaculación precoz, sólo entre mujeres. Yo me permito no estar de acuerdo con ella en la comparación. Creo, sin embargo, que ambos temas nos interesan igual a hombres que a mujeres, aunque uno sea mucho más importante que el otro. No me gusta disentir en twitter, menos con mis amigas y menos sobre un asunto tan crucial como éste.

Pero no me quise callar. He dicho ya y pruebas sobran de que mucho me ha importado estar en la reflexión de algo tan serio y tan discutido como el aborto. Me acostumbré a dirimir en qué momento empieza la vida humana, si hay alma o no hay alma, pensamiento o no, futuro obligado o no, en la alianza de un espermatozoide con un óvulo. No pensé nunca oír que los hombres no debían tratar el tema más que en presencia de una mujer o varias mujeres. Menos aún, discutirlo.

Ya lo sé, estamos sub representadas en todo y ésa ha sido otra lucha y sigue siendo otro pendiente. Pero el que no tengamos voz en muchos casos, el que estemos en minoría casi siempre, ni se diga a la hora de hacer la leyes, no nos autoriza a desautorizar la intervención de unos hombres a favor de lo que sí nos importa.

No hay que ser mujer para reflexionar sobre lo que tanto nos concierne a las mujeres. Pero según un buen número de mujeres y amigas, sí hay que vivir dentro de una para hacerlo. Pienso que tal actitud se deberá a que de tantos quemarnos con leche, ya le soplamos al jocoque. Los asuntos de las feministas son para las películas de llorar o para guardarse en el ropero.

Mi enojo había sido siempre ése. ¿Por qué los hombres no se solidarizan con nosotras en esto? ¿Por qué la literatura escrita por mujeres es siempre mayoritariamente leída por mujeres? ¿Por que a los hombres eso del orgasmo lento y la maternidad les parecen temas menores? Tan menores como la crianza de los hijos. No tan superiores como el destino de la patria y la historia.

Rarísimo. Nuestro urgencia, sin duda de hace mucho, era decirles: miren en que estamos. Tomen en cuenta esta pena, acompañen esta preocupación.

Por eso me asombra lo que he leído estos días en Twitter. Lo de ahora es no se metan en nuestros asuntos, no los acompañen, sigan tratando sus asuntos, que los nuestros van muy avanzados.

Así el asunto, mi feminismo está muy atrasado. Sigo sin entender.