Que dice el Secretario de Hacienda que no está mal cerrar las estancias infantiles, que les den el dinero a los papás para que hagan con él lo que mejor les parezca. Que se lo den a sus mamás y que las abuelitas cuiden a los nietos, que hasta lo van a hacer mejor. Se antoja responderle a la televisión desde la que habla:

A ver, señor secretario, usted, como yo, también tiene aspecto de abuelito. ¿Le ha tocado cuidar a sus nietos? ¿Sí? ¿Una mañana, un día, dos días? ¿Todos los días de la semana? ¿Cómo puede pasar eso si usted tiene que ir a su trabajo? Igual que yo. Y que tantos. Disfrutamos a los niños y los cuidamos bien un rato, cuatro ratos. Pero no todas las mañanas. Y no todos los abuelos, —dijo usted las abuelitas, porque le queda cierto sentido de lo que es la realidad— están sin trabajar fuera de la casa. Y nosotros ya tenemos más de sesenta y cinco, como medio gabinete de monseñor López Obrador, pero hay abuelas de cuarenta años. ¿Ha oído usted de los embarazos adolescentes? Esos niños, con mamás y papás y abuelitas que trabajan, (la mayor parte de los abuelitos están distraídos. Para muestra basta un botón. Hay que ver la idea que usted tiene de la paternidad y los cuidados de los niños), esos cientos de miles de niños no tienen quien los cuide. Y por fortuna hay personas cuya profesión es cuidarlos. Pero ustedes de eso, ¿para qué tienen que saber? Con disponer les basta.

Yo no dudo que algunas veces haya ha habido mal uso del dinero que se les ha dado a las estancias, (revisen eso desde la altura de su pureza financiera) pero nadie ha dicho que ahí a los niños los golpearan o los amarraran a la pata de una cama todo el día. Y eso hacen las mamás cuando no tienen con quién dejar a los niños. Y las abuelitas. Historias tengo muchas que contarle.  Pero no de antes, de ahora. El niño que está metido en una caja de cartón, en el mercado de Medellín, mientras su mamá le da de comer con las mismas manos con que da el cambio a quien le compra la fruta, ¿no cree usted que estaría mejor cuidado en una estancia? No. Claro que no lo cree usted. Mejor que lo dejen con su abuelita que está en el puesto de junto y que si se distrae lo pierde de vista.

¡Qué ocurrencias! Y ni para sorprenderse. Si vivimos en el mundo de la ocurrencia. Mientras tanto, ¿En dónde van a pasar el día todos los niños a los que se les está quitando una estancia? Es una pena.Y enoja. Sí hay corrupción, díganlo. Y corríjanlo. Pero no todo se corrige desbaratando, egregios gansos gobernantes.