Hago mía la entrada de Ricardo Bada en su blog.Aclarando que una de las convenciadas de su posición: querer que ganara Francia y no Croacia, fui yo.

¿Ganó Francia? Yo diría más bien que perdió Croacia. El resultado a fin de cuentas viene a ser el mismo, pero la óptica varía. Ganó gracias a los dioses (y al árbitro argentino, que no sé si será un dios, pero con los argentinos nunca se sabe) el que tenía que ganar, porque lo contrario habría sido algo terrible; no porque Croacia no lo mereciera, que sí lo hubiese merecido, sino por lo que hubiera hecho de ello la ultraderecha nacionalista croata, un triunfo de la raza eslava sobre la degenerada sangre francesa, infestada de hemoglobina árabe y africana. En mi entorno he sentido una gran simpatía hacia Croacia, y en mi corazoncito futbolero también los animaba. Pero no tomar en cuenta los trasfondos políticos sería descuidar una dimensión fundamental de tales eventos. A Angie y Vincent se lo puse en evidencia al hablarles de la capacidad para crear identidad nacional que ha tenido el equipo belga en un país tradicionalmente partido por gala en dos. Ahí se les prendió la bombillita y empezaron a entender mi toma de partido por Francia en vez de Croacia. En lo que todos coincidimos es en que Luka Modrić ha sido el mejor jugador de este mundial. Y en lo ocurrente de este tuit de @miblogestublog : Liberté Egalité Mbappé.