Me pidió una niña de veinte años que encontré en la calle, de casualidad, cerca del lugar en el que me pintan el pelo con el objeto de que la vista pueda engañar a la certeza de mi edad, que le mandará la bendición de Milagros Veytia, porque quería leerla hoy mismo y no tenía cerca su libro “Mal de Amores”. Le dije que aquí la dejaría.

“Niña–dijo Milagros con la solemnidad de una sacerdotisa–yo te deseo la locura, el valor, los anhelos, la impaciencia. Te deseo la fortuna de los amores y el delirio de la soledad. Te deseo el gusto por los cometas, por el agua y los ojos de un hombre audaz. Te deseo la inteligencia y el ingenio. Te deseo una mirada curiosa, una nariz con memoria, una boca que sonría y maldiga con precisión divina, unas piernas que no envejezcan, un llanto que te devuelva la entereza. Te deseo el sentido del tiempo que tienen las estrellas, el temple de las hormigas, la duda de los templos. Te deseo la fe en los augurios, en la voz de la muertos, en la boca de los aventureros, en la paz de los hombres que olvidan su destino, en la fuerza de tus recuerdos y en el futuro como la promesa donde cabe todo lo que aún no te sucede.”

Punto y seguido: Esta misma lectora me pregunta quién es Manuela Jaramillo, porque muchas veces la encuentra en los comentarios o en los tuits cerca de lo que escribo. Manuela es una mujer inteligente, de una audacia vital y de un acierto verbal poco frecuentes. Además, protege a sus seres queridos de quien sea que se atreva a no quererlos. Es española. Allá en Madrid la he visto cuatro veces. Pero es como si la conociera de toda la vida. Ella me presentó a María Joa Pires, la pianista de énfasis que suena por mi estudio en las tardes. Cultiva aceitunas. Lee Poesía. Se viste blanco de en el verano. Y es contundente como la mejor maestra.

Punto y aparte: “¿Quién investiga en tus ojos?”, preguntó él. Y ella le contestó con la voz de lumbre que le había dado la naturaleza: “Todavía nadie”.

Punto Final: La magistrada Laura tenía 21 años, en 1959. Aceptó entonces trabajar como Ministerio Público en una delegación. Ella, a quien su mamá llevaba y recogía de la UNAM todos los días. Hoy lo recordó para mí. Se ha jubilado 15 años más tarde de lo que se le hubiera permito. “¿Por qué tan tarde?”, le preguntó la señorita del ISSTE. “Porque me gusta mucho lo que hago”.

Müsica para hoy: Oh mio babbino caro. Ya la toco en Smule casi como María Joao en la realidad.

Con el voto en vilo: No como votante, sino como televidente, yo les rogaría a los partidarios de Andrés Manuel que ya no le pongan collares. Y a los de Meade que no le pongan sombreros.