La compré hace diez años. No sé a qué horas pasaron. Mi hermana estaba a medias con una enfermedad que le hizo los mandados, pero yo la visitaba con frecuencia y empecé a necesitar algo menos viejo de lo que tenía, porque la carretera a Puebla puede ser pesada, sobre todo si llueve y uno viaja de noche. Cosas que sucedían con frecuencia: era junio y apenas empezaban la temporada de aguas y la de quimioterapias. La segunda terminó mucho antes que la primera, porque la audaz Verónica decidió oponerse a un tratamiento que la ponía a sentir la muerte anunciada, cuando ella la sentía lejos. Así que dejó el tratamiento desafiando todas las predicciones. Tampoco quiso tomar las otras medicinas. Acabó teniendo razón. Si las curas de la innombrable enfermedad están de tal modo regidas por el azar, a ella el águila o sol, le tocó para bien. Y hasta la fecha, en que ya pasó el doble del tiempo necesario para dar por terminada la maldición del todavía hay riesgo.
Punto y seguido: Ahora el mal es que el año pasado se rompió una pierna y éste la otra. Cosas menores, diría ella. Pero de todos modos, para mi fortuna tengo pretexto y la visito. Ya saben ustedes que a uno siempre se le ofrece viaje cuando no se puede y ese es el caso con mi camioneta. Como en el 2013 cumplió diez años, en la ciudad de México ya no puede circular los jueves. Así se estila por este rumbo. En lugar de medir el impedimento por número de kilómetros recorridos o por qué tanto contaminan, hacen tabla rasa y equiparan mi carroza con cualquier carcacha corrida por terregales. ¿Qué sería de mí que tengo seis veces más años que ella? Tendría yo prohibida hasta la entrada a un estacionamiento. Pero ¿qué le vamos a hacer? La norma es la norma y eso lo aprendimos el día en que de plano se nos olvidó que era jueves, porque don Gerardo el conductor es más despistado que yo, así que nos pescó la policía y hubo que pagar quinientos pesos de multa. Conclusión, tengo que comprar una camioneta. Y no está fácil. Además de que son carísimas, tienen demasiadas cosas y hay que elegir. Si quiero que las puertas se abran automáticamente, hay que comprar la que trae televisión. Díganme ustedes ¿para qué demonios quiero una televisión en el coche? Esas son visiones, dirían en mi familia. Habrá que comprar la de puertas normales. Cuesta mucho menos. Así que ando pastoreando el crédito. Dicen que es bueno pedirle al banco, pero yo creo que mejor me atengo a mis finanzas. Todo esto digo mientras miro a mi querida camioneta “vintage” y le pido disculpas por andar planeando venderla. Le estoy agradecida como a un buen caballo. He viajado con ella al mar, al cielo, a los volcanes. A una laguna, al calor, al frío. Sóla, con perro, con toda la familia. Anda conmigo en días de sol o llanto y no se ha descompuesto jamás. ¿Será muy grave no viajar en jueves?
Música para hoy: Estoy oyendo el Nocturno número uno de Chopin con Maria Joao Pires. Qué descubrimiento es esta mujer. A todo le imprime una intensidad distinta. He oído mil veces el nocturno, pero el de ahora es otro. Aunque la partitura haya sido igual a otras.
Disculpas de hoy: Por tantos decía, tenía, venía. Tantos Llegaba, viajaba, dejaba. Tantos y tan arduos copretéritos.
Poesía para hoy: Yo no conocí en mi infancia/sombra sino resolana. Alfonso Reyes. Qué cosa más bonita, pera saberla todos los días. De seguro la encontrarán completa. No la transcribo. Tengan buen día.