El jueves siete, según me enteré por alguno de los muchos textos que circularon en la red en estos días, Camus habría cumplido cien años. No lo hubiera yo sabido por mí misma o apelando a mi memoria. En cambio, sí tengo clarísimo que mi papá hubiera cumplido 101, tres días antes. ¿Cómo era el mundo cuando ellos nacieron? Entre otras cosas, por eso me ha gustado ver la serie Downton Abby. Empieza en 1912. El año en que se hundió el Titanic. Y, cada quien su modo de fechar la vida, ya lo dije, nació Carlos Mastretta. He contado que su nana los llevaba al zócalo a pasear, y que era muy niño cuando en Puebla colgaron a unos llamados traidores, que quién sabe a qué bando habrán traicionado. Pero él recordaba que pasearon bajo ellos. Lo decía con cierta naturalidad. No lo recuerdo asustándonos deliberadamente. Entonces las mujeres en México, sí podían heredar, no como en Inglaterra, donde aún hace tan poco, había que cederle la herencia al hombre más cercano de la familia, aunque fuera un pariente desconocido. Digo hace poco, porque cien años es nada. Raro. Debe haber mil estudios sobre el tema, pero sorprende que el trono sí pudiera heredarlo una mujer.
Punto: Ya lo sé. Estoy divagando, pero estoy en mi derecho, como todos los que por aquí pasen. Por algo hemos llamado absurdo a este lugar.
Punto y coma: los viernes Mateo come con Greta. Todos los días Cati está en Los Angeles y casi siempre nosotros llegamos al fin de la semana laboral con menos invitados que al principio. Además el día de ayer Héctor aún andaba tristeando con la pena de los muchachos de la sub diecisiete, que perdieron frente a Nigeria. Yo creo que el futbol me gustaba más cuando no me gustaba. Podía yo verlo sentada en mitad de la tormenta y el griterío, sin gritar ni atormentarme. Ahora acompaño a los otros en la inútil divagación en torno a cómo debería jugarse y como no pudo jugarse. Conclusión, ayer no hubo visitas a la hora de la comida. Pero siempre hay una multitud cruzando por nuestras conversaciones.
Punto final: en la tarde hablé largo con Catalina. Me dejó abrumada. No voy a mencionar sus cualidades porque no me alcanza el sitio. Y dicen que porque no es elegante andar elogiando a los hijos. Esta segunda opinión no la voy a escuchar nunca. Hablar con Catalina siempre es jalar la punta de una madeja y andar en vilo por la mitad del mundo. No sólo por cientos de lugares, sino por varios tiempos. Varias veces mezclamos una preocupación inmediata con sus antecedentes en el siglo V y sus derivaciones al XXII. Ella está parada con firmeza en los lugares que vive. Pero siempre la estremece pensar el futuro. Y consigue que también tiemble yo. Hay tantos lugares a los que podría dirigirse. La tienen más difícil los jóvenes de hoy. Cuando yo trabajaba en el vespertino del que les he contado, nunca pensé en qué habría adelante. Hubo lo que fue habiendo. Y qué hacían otros, en cuáles mundos, no me afligía. Pensar en qué colegio iban a estudiar mis hijos, aún antes de que los concibiera, no estuvo en mis preocupaciones. En cambio, en Catalina cabe la máquina del tiempo y el espacio. Sin embargo, cuando termina nuestra conversación estamos sentadas en un jardín que custodió su infancia y pensamos en cómo arreglarlo para la próxima semana.
Música para hoy: Ayer, Manu me descubrió a una pianista excepcional. Se llama María Joao Pires. La envió tocando el adagio del concierto número 23 de Mozart. Lo hace con tal emoción, que la oí como por primera vez. Ella sí que es una intérprete. Hay quienes sólo obedecen la partitura, lo que no es poco, pero ella la rehace.
Recomiendo http://www.elespectador.com/opinion/camus-n-7-11-1913-columna-457172
Todo el mes en Nexos. com Avivivar la manía. Creación, memoria, producción y erratas de una servidora