Megalópolis

Palabra horrible. Inventada para nombrar lo que al tiempo ilumina y espanta. No nací en la Ciudad de México, en esta paradoja bien amada que tanto maldecimos. Pero aquí vivo, a la mitad de un caos que al tiempo abruma y acoge la temeridad de seres extraordinarios. Aquí nacieron mis hijos. Aquí encontré a su padre, aquí converso y me cobijan mis amigos.
Esta ciudad puede ser hostil. A veces la odiamos, nos lastima su ruido, el tiempo que se dobla entre sus calles. Pero otras le agradecemos la generosidad con que rescató nuestro albedrío necesitando el horizonte. Y nos alivian los que aquí sobreviven. Megalópolis: qué manera más rara de convocar, al unísono, el abismo y la libertad.

Punto y seguido: Juan Cruz, mi primer editor en España, mi amigo de toda la vida, me pidió un texto con este palabra para un suplemento que hará El País pensando en los treinta años de la FIL. Aquí se los dejo, por anticipado.

Punto y aparte: Mañana nos vamos a Guadalajara para estar en el la FIL todo el fin de semana. Un rato para ver a los amigos de los dos lados. Los lectores y los otro escritores. Espero que sirva mi Ipad para irles contando. Si no, algo les diré por twitter desde el teléfono.