Patricia Mercado

“Baste recordar su trayectoria para comprobar su extraña vocación por transformar la forma usual de hacer política.”
Doy fe de que todo lo que aquí dice Marta Lamas es cierto. Las acompaño desde este blog. Es una esperanza y un regocijo, saber que Patricia estará en el Senado.

Patricia al Senado
POR MARTA LAMAS

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con una larga trayectoria política vinculada principalmente a la problemática laboral, los derechos de las mujeres y las personas de la diversidad sexual, Patricia Mercado ha sido designada candidata plurinominal al Senado por Movimiento Ciudadano. Acertada decisión para la carrera política de esta mujer que dedica su vida a lograr condiciones más justas para la clase trabajadora y a defender causas feministas y de la comunidad LGBTTI.
Hace 30 años conozco a Patricia y siempre me ha sorprendido su habilidad para sacar adelante proyectos difíciles a pura voluntad de diálogo. Ella ha dicho que hacer política es, justamente, tratar de convencer a quienes piensan distinto para fincar acuerdos puntuales que beneficien a todos. Convencida de que la política no puede ser un medio para conseguir los objetivos propios sin tener en cuenta los de los demás, en especial los de tus adversarios, Patricia apuesta por avanzar construyendo acuerdos y compartiendo objetivos.
A lo largo de estos años de conocernos Patricia me ha dicho, una y otra vez: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”. ¡Híjole! Mientras me resulta difícil dar por bueno lo que no me satisface completamente, veo cómo ella es capaz de construir acuerdos y alianzas que ponen de manifiesto su voluntad de desarrollar una política distinta.
Baste recordar su trayectoria para comprobar su extraña vocación por transformar la forma usual de hacer política. En su adolescencia las monjas de la teología de la liberación dieron cauce a su sensibilidad social. De trotskista se hizo feminista. Fue integrante de la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores Automotrices, que afiliaba a obreros de las fábricas de autobuses DINA y de automóviles Renault (la única mujer entre los 90 integrantes). Fundó Mujeres Trabajadoras Unidas (MUTUAC) para apoyar a obreras a desarrollar un nuevo tipo de sindicalismo responsable, y acompañó durante meses, todos los días, a costureras damnificadas por el terremoto de 1985, abogando en las juntas de Conciliación y Arbitraje por el pago de sus indemnizaciones.
Durante más de cuatro años las apoyó en su autoorganización sindical. Fundó varias organizaciones feministas que hoy siguen activas; fue integrante de la delegación de México en la IV Conferencia de la Mujer en Beijing (1995); construyó DIVERSA, una asociación política nacional, y participó en tres proyectos de creación de un partido socialdemócrata: Democracia Social, México Posible y Alternativa Socialdemócrata y Campesina. Con este último partido Patricia contendió por la Presidencia en 2006, y habló de la necesidad de despenalizar el aborto y defender los derechos de lesbianas y gays,
Cuando Alternativa Socialdemócrata se convirtió en botín y dejó de ser un instrumento para el cambio social, Patricia regresó al trabajo desde la sociedad. Con el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir ganó con un proyecto dirigido a impulsar el empoderamiento de las mujeres políticas en el ámbito local un concurso que abrió ONU-MUJERES. Así, se dedicó a capacitar a candidatas a presidentas municipales, síndicas y diputadas locales de todos los partidos. Y como Patricia es economista, un aspecto fundamental de su iniciativa fue el de instalar en la mente de las candidatas una concepción de proyectos económicos distintos a los que se vienen haciendo tradicionalmente, como la economía del cuidado.
En esas estaba cuando fue nombrada secretaria del Trabajo por Miguel Ángel Mancera. Ahí inició su lucha por subir el salario mínimo, que inmediatamente sería retomada como un eje de la política del gobierno. Muy poco después Mancera la nombraría secretaria de Gobierno, donde tuvo que vérselas con la polarización entre los representantes de distintos partidos, dispu­tas entre inmobiliarias y vecinos, y entre proyectos de gobierno y la negativa de ciudadanos. Este puesto resultó un desafío en el que demostró que un diálogo franco, sin simulaciones, es su forma de hacer política.
Hace unas semanas Patricia comentaba su coincidencia con las palabras de Daniel Innerarity, un filósofo y politólogo vasco que sostiene que Hacer política es renunciar a otro procedimiento que no sea convencer, pero convencer a otros es algo que nunca puede estar plenamente garantizado. Sí, el terreno de la política es el de la contingencia, por eso Innerarity afirma que se requiere una especial habilidad para convivir con la decepción. Este autor señala: Nadie, y menos en política, consigue lo que quiere, lo cual es por cierto una de las grandes conquistas de la democracia. Y añade: Una sociedad es democráticamente madura cuando ha asimilado la experiencia de que la política es siempre decepcionante y eso no le impide ser políticamente exigente.
A lo largo de su vida, Patricia ha enfrentado variadas contiendas políticas (con sus respectivas decepciones), pero ha seguido siendo exigente con ella misma. Yo, que suelo ser más pesimista que ella, estoy convencida de que su optimismo, su talante democrático y su voluntad de diálogo serán elementos indispensables en la dinámica política del Senado. Sobre todo porque creo que en 2019 se abrirá una ardua etapa, en la que serán imprescindibles las características que distinguen a Patricia Mercado.

No es lo mismo

Hay cosas que creemos saber desde hace tiempo, pero es hasta que las oímos  puestas en orden y concierto que nos damos cuenta de que nunca las hemos dicho así de claras. Que no es lo mismo prostitución, trata de personas y comercio sexual consentido, está bien dicho en el texto que les dejo aquí abajo. Lo escribió Marta Lamas, una feminista cabal y terca, que no ceja en sus empeños, para bien de tantos. Es el primero de dos. Iré de a poco. Y me gustaría saber qué piensan ustedes.


Sexoservidoras = Trabajadoras

Marta Lamas

Hace 10 años un grupo de mujeres solicitó a la Secretaría de Trabajo del DF ser registradas como “trabajadoras no asalariadas”. Esta modalidad es una forma de reconocimiento del Gobierno del DF a personas que se dedican, en vía pública, a la venta de servicios (como los boleros) o de productos (comida o ropa). Lo relevante de este grupo es que se trataba de las llamadas “prostitutas”, que consideraron que lo que hacen es un trabajo y, en consecuencia,  pidieron ser reconocidas como tales: trabajadoras no asalariadas. El hecho en sí mismo es notable, como lo fue  la decisión de ampararse contra la negativa que recibieron en 2004, y como también lo es la magnífica resolución de la Jueza Primera de Distrito en Materia Administrativa del DF, Lic. Paula María García Villegas Sánchez Cordero, quien finalmente les concedió el amparo. Por su parte la nueva Secretaria del Trabajo,  Patricia Mercado, ha decidido acatar la resolución de la Jueza y expedirles dichas as credenciales.

Se recordará que respecto a la venta de servicios sexuales persisten dos paradigmas: uno es el que considera que la explotación, el sometimiento y la violencia contra las mujeres son inherentes al  comercio sexual y el otro que plantea que es una actividad laboral con un rango de formas variadas de desempeño (al igual que otros trabajos) y que deberían reconocerse los derechos y obligaciones de quienes se dedican a ella. Las investigaciones sobre el comercio sexual muestran que no es un fenómeno homogéneo, que se desarrolla  de formas muy distintas, dependiendo de diversas cuestiones y que  en lugar de existir un claro contraste entre un trabajo libre y una explotación forzada, hay un continuum entre variadas formas de una relativa libertad y de coerción.

Reconocer que las mujeres están ubicadas en lugares sociales distintos, con formaciones diferentes y con capitales sociales diversos, lleva a aceptar que en ciertos casos el trabajo sexual puede ser una  opción elegida por lo empoderante y liberador que resulta ganar buen dinero, mientras que en otros se vuelve una de las situaciones más espantosas y degradantes que una persona puede vivir. Muchas mujeres ingresan por desesperación económica, otras son inducidas por la droga, pero también hay quienes realizan una fría valoración del mercado laboral y usan un tiempo la estrategia del comercio sexual para moverse de lugar, para independizarse, incluso para pagarse una carrera universitaria o echar a andar un negocio. Los padrotes y las madrotas funcionan como los empresarios, hay buenos y hay malos; lo mismo ocurre con los clientes, hay violentos pero también hay decentes y amables. O sea, al mismo tiempo que existe el problema de la  trata aberrante y criminal, con mujeres engañadas e incluso secuestradas, también existe un comercio donde las mujeres entran y salen libremente, y llegan a hacerse de un capital, a impulsar a otros miembros de la familia e incluso a casarse. Quienes insisten en que la prostitución es violencia contra las mujeres, tienen razón, pero no en todos los casos. Quienes sostienen que es un  trabajo que ofrece ventajas económicas también tienen razón, pero no en todos los casos.

Lo que es un hecho es que con el objetivo de combatir el “tráfico” y la trata ciertos gobiernos lanzan políticas restrictivas contra las trabajadoras sexuales en general. Esto responde a  una cruzada moralista (integrada por la derecha religiosa y las feministas abolicionistas) encabezada hace años por el gobierno de los Estados Unidos, que ha logrado cierto éxito al demonizar al comercio sexual al mezclarlo con la trata.

Desde hace años han aumentado los  table dance y las strippers, los shows de sexo en vivo, los masajes eróticos, los servicios de acompañamiento (escorts), el sexo telefónico y  el turismo sexual. Este crecimiento viene de la mano de la liberalización de las costumbres sexuales y del  neoliberalismo, cuya desregulación del comercio ha permitido la expansión de las industrias sexuales como nunca antes, con una proliferación de nuevos productos y servicios sexuales. Los empresarios tienen agencias de reclutamiento y sus operadores  vinculan a los clubes y burdeles locales en varias partes del mundo, en un paralelismo con las empresas transnacionales de la economía formal. Y al igual que éstas, algunas se dedican a negocios criminales.

Sin embargo, aunque hay una gran diferencia entre la trata y el comercio sexual, la representación que se suele hacer en los medios de comunicación de las mujeres que se dedican al comercio sexual  es cada vez más la de víctimas que deben ser salvadas. Reiterar  las horríficas historias de las verdaderas víctimas de “tráfico” oscurece las historias de las trabajadoras sexuales  y el tema de sus derechos laborales aparece como irrelevante. Por eso es tan importante, no solo la sentencia de la Jueza, sino también  la declaración que hizo hace unos días el Procurador del DF, Rodolfo Ríos  Prostitución sí, Trata no. Sin el moralismo rampante que circula tan fácilmente hoy en día en las declaraciones de los funcionarios, el Gobierno del DF deslindó con claridad dos cosas -el derecho a trabajar y el delito de la trata- lo cual es un paso fundamental en la defensa de las trabajadoras sino también en la lucha contra la trata.

Música para hoy: Schubert: Ave María. Se las encargo.