Sueños vívidos y porvenir

Desperté con la memoria de un sueño en la punta de los ojos. No recuerdo bien de qué trataba, pero había un ajetreo, y yo era parte de él. No fue un sueño triste, pero tampoco de esos apacibles, de los que uno despierta con la certeza vívida de que algo bueno le estaba pasando. De todos modos era un sueño y, medio recordarlo, me alegró. Había gente buena, hablando de cosas buenas. No había furia, ni gritos, ni robo. Mientras ajustaba mi cabeza al significado de la palabra amanecer, a la adivinanza de que hoy sería jueves, a la sensación de hambre, estuve dándole vueltas a todo lo que debo hacer y no he hecho. Mejor escrito: todo lo que debo hacer anduvo dándome vueltas.
El viernes doce tendré que dar una conferencia, de esas que llaman magistrales y que yo siempre termino convirtiendo en una confesión de parte. El encuentro será en San Miguel Allende y habrá otros escritores. Confieso que a mi las reuniones de escritores me dan temor, pero también me gustan, porque son un ejercicio de humildad. Esto que hago no es excepcional, ni yo soy una autora, una creadora, una fabuladora que está sola en el mundo con el deber de serlo. Soy una entre muchos. Qué autora, ni qué título. Gran alivio. Claro, todos los días, menos el de la mañana en que tengo que pararme frente los demás y sacar flaqueza de fuerza, como decía Don Lino en las doradas épocas en que era mi conductor y me ayudaba llevando a los hijos al colegio o yendo al banco y al mercado, haciendo cada cosa como por primera vez. Eso tenía Don Lino, ese privilegio de niño. Todo lo que hacía, hasta andar y desandar el mismo camino hasta Cuajimalpa, igual que cualquier día, le pasaba como una novedad. Mencionar a Don Lino no es una digresión, es algo recurrente. Sobre todo cuando necesito ayuda en la certeza de que tengo mucho quehacer que acabará haciéndose solo, con el puro apuro de que pase el tiempo. Antes de la conferencia pasarán cosas más importantes. Sin duda el estreno de “Las horas contigo”, la película de Catalina. El día tres en los cines de Carso. Cerca del Soumaya, el museo que lleva el nombre de una amiga cuyo ejemplo de valor y entusiasmo merece todos los homenajes. Así que la peli estará en buena compañía. Será a las siete de la noche del martes tres. El viernes seis lo pondrán en muchos cines y por ahí pasa la parte más complicada: que vaya mucha gente el primer fin de semana, porque esto de las películas no es como lo de los libros, que pueda pasar un día o el otro sin que se mueva de las tiendas, (por más que cada día lo que llamamos el mercado se deshaga de los que no se vende mucho y pronto), lo del cine es criminal. El primer fin de semana es importantísimo. Y no sigo por ahí para no poner nerviosa a la futura concurrencia. Entre el seis y el doce habrá más quehacer. En marzo vendrán a visitarnos los familiares de Daniel Feito, para formalizar, otra vez, la formal alianza entre él y nuestra hija. Así que ando en tratos con Juan Ramón el hombre que sobre reparaciones todo lo sabe, para que la casa quede como nueva. Y con el maestro Eusebio, carpintero, ebanista, cuyos precios tienen todo menos tabulador. Nos compensamos mutuamente. De repente me cobra un dineral por una nimiedad y cuando me quejo rebaja una tercera parte del siguiente cobro. Entre maestros te veas, decía mi abuela que vivía entre maestros. Esos ni de chiste tan buenos como los míos. Aunque igual de parlanchines, porque cuánto tiempo puede uno dedicar a dirimir el tono de una mesa, para llegar a mi conclusión de siempre: hay que dejarlo del color natural de la madera, que por algo es de ese color. ¿Para que enderezar lo que no está torcido? Faltan cosas. Una hilera. Faltan los “Puerto Libre” de marzo, abril y mayo, dado que he de entregarlos al principio del mes anterior y el doce de abril nos iremos a China. Falta una reverencia que he de hacerle a quien más se la merece, falta escribirles a ustedes más seguido y falta : ¡qué barbaridad! hablarle al dentista para alcanzar cita el lunes en la mañana. Falta claro, a las tres de hoy, comida con unos amigos que hacen cine o son una obra de arte. Marta Sosa, Julio Patán, Cristóbal Pera y, con buena fortuna, la tan querida Mercedes Barcha.