Dos citas y una bendición

Aquí les dejo dos citas de Cernuda, que Ricardo Bada encontró para la conferencia que dará en el Instituto Cervantes.
«Si morir fuera esto, / un recordar tranquilo de la vida, / un contemplar sereno de las cosas, / cuán dichosa la muerte».

«El destierro y la muerte / para mí están adonde / no estés tú»

Punto y aparte: No estuve, Ya habrán adivinado la razón. Vendré más tarde.

Música para hoy: Laudate Dominum omnes gentes.
Cambien el dios por vida. Y a bendecirla.

Mi último ángel

Viendo pasar los barcos que cruzan el atardecer frente a su ventana, conocí un ángel en Cozumel. No hay muchos de estos seres en la Tierra, y sólo aquí sé que existen. Más, no sé. Siempre quise aprender de sus ojos. No conozco serenidad más clara. Ni creo que haya otra luz como la suya. Cuando la evoco me cobija saberla en el mundo y ahora que está enferma se ha puesto a temblar la última niña que queda en mí. Tengo miedo del mundo sin su risa. Yo que no tengo dioses, he creído siempre que en la vida, uno tiene asignado sólo un número de ángeles de la guarda. Ella es mi último. Doña Migue Coldwell.

Del mal de la desmemoria

A pesar de mi propensión a recordar como quien goza de un lujo, sé que a la vida nos mueva más la capacidad de olvido que los recuerdos.
Si uno lo recordara todo, mil veces el dolor nos impediría seguir adelante. Algunos placeres, no volverían a nosotros si recordáramos antes el dolor que pueden causarnos.
Claro, quienes me conocen pueden pensar que todo esto lo digo movida por el resentimiento, dado que cada día me falla más la memoria y me estremece con sus golpes el olvido. De modo tal que repito mis dichos, como ahora.
Alguien, por supuesto no me acuerdo quién ni dónde, contaba la inteligente maldad de un escritor que al describir la cara de otro decía displicente: Fulano tiene una cara de esas que se ven y… se olvidan.
Quizás aquel escritor sí lo decía con malicia, pero lo que es yo, lo digo con vergüenza porque cada día olvido más caras y sobre todo cada vez olvido mejor los nombres que las acompañan.
Sin embargo, me consuelo, no es que yo pierda todos los recuerdos, es que recuerdo lo que a nadie le importa.
Para algunos recuerdos nadie es más memorioso que alguien con fama de desmemoriado. Y eso, como dicen quienes conocen el truco mediante el cual se memoriza, sucede porque los desmemoriados suelen estar atentos a otras cosas en el instante en que es necesario grabarse las que parecen primordiales.
Los desmemoriados estamos concentrados en el olor, en los colores de la ropa, en un sonido, en el impulso de antipatía o apego repentino que algo nos provoca. Los desmemoriados estamos evocando una sensación, invocando otra o estremecidos por algo crucial que a muchos les resulta insignificante.
Digo esto porque pienso que olvidar es un arte.
No haríamos nada si la conciencia de la propia muerte nos siguiera a todas partes. Nada si la muerte de otros cruzara demasiado por nuestro recuerdo. Pero olvidamos. A los inolvidables, a los mejores, a los más buenos, a quienes más felices nos han hecho, logramos olvidar, a ratos, para quedarnos con la vida.
Música para hoy: Vean ustedes un rarísimo montaje de La Traviata con Anna Netrebko y Rolando Villazón, en el Festival de Salzburgo en 2005. Debe haber muchas críticas celebrándolo, yo creo que ella está brillante. No sólo la voz, sino todo: la desfachatez y la vehemencia, la fuerza de sus movimientos. Su voz la conozco y la disfruto hace muchos años, pero yo no sabía, quizás muchos de ustedes sí, la capacidad histriónica de esta mujer. Me parece prodigiosa. Está en youtube, me apena no poder dejarles el enlace. No encuentro cómo.
Buen día.

Lluvia sobre Don Corleone

Otra vez está lloviendo. Mi perro, el que fue de mi madre, al que llamaron Nino, como se les llama en italiano a los padrinos, a veces es solitario igual que un gato. Entonces lo llamo Don Corleone, porque está echado un su alfombra, escéptico, dilucidando qué matar o a quien mataron para convertirlo en la croqueta que ha de comerse al rato. Tiene un aire de señor de Sicilia y dormita sin hacerme ningún caso. Pero que no caiga un trueno porque corre a echarse a mis pies, y tiembla como la luz de los relámpagos que nos rodean. Entonces lo llamo Rocamadur, porque me recuerda al niño de la Maga. Y me da miedo que algo le pase mientras yo leo las noticias en la pantalla de luz que tantas sombras trae. Ha vuelto a llover y estamos en la segunda quincena de octubre.
Punto y aparte: Luis de la Barreda, hombre de bien, primer ombudsman de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, me cuenta de Malala. En su artículo de hoy habla de la niña en Pakistán que cuando entraron los talibanes a la ciudad se rebeló y sufrió las consecuencias. Cito a mi amigo: “en una actitud inaudita de valentía, Malala alzó la voz defendiendo el derecho de las niñas a estudiar. Tenía trece años cuando empezó a escribir un blog para la BBC bajo el pseudónimo GulMakai, en el que denunciaba las atrocidades de los fanáticos talibanes.
Cuando se supo quién era la autora del blog fueron por ella. El 9 de octubre de 2012, un miliciano de un grupo terrorista vinculado a los talibanes abordó el autobús escolar en el que se trasladaba Malala y le disparó a bocajarro.
Una de las balas entró por debajo del ojo izquierdo, hizo añicos los huesos de la mitad de la cara y rozó el cerebro. Pero ella fue protegida por las diosas femeninas de todas las religiones y sobrevivió milagrosamente. Media cara estaba afectada. Noo podía reír, casi no podía hablar, no podía parpadear con el ojo izquierdo. El dolor era insoportable. Se le trasladó al Hospital Reina Isabel de Birmingham, Reino Unido, donde se le hizo cirugía reconstructiva y se le rehabilitó.
Hoy Malala ––a quien recientemente se le ha concedido el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia de la Eurocámara–– es una guapa muchacha de 16 años que no ha perdido el don de la alegría y en cuya mirada no se lee rencor ni amargura sino esperanza y coraje. Para seguir enfrentando a los talibanes, empeñados en reducir a las mujeres a una condición de esclavitud, es imprescindible mucho coraje, palabra que proviene de un vocablo latino que significa corazón”.
Punto final: Ha dejado de llover y entre las nubes está brotando una luna anaranjada. Bendita sea la madre naturaleza cuando se pone de buenas.
Música para hoy: Una canción yucateca que empieza diciendo: quisiera preguntarle a la distancia, si tienes para mí un pensamiento…
Poesía para hoy: Poesía para hoy:
“Cuando el cangrejo avanza hacia la luna,
El mar de amor se rompe en los espejos
Y hay lectores colmados de fortuna”
Tomado de “Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas”. Luis Miguel Aguilar. Edición de la Universidad Autónoma Metropolitana.

De milagro

Tengo por el juego de futbol un cariño que pasa por todos mis cariños del sexo opuesto. Mi papá, mis hermanos, ni se diga mi cónyuge, mis hijos, mis sobrinos, mi yerno, buena parte de mis amigos y el más drástico de todos, mi cuñado el poeta Luis Miguel Aguilar. A él no le gusta que uno lo nombre, pero tiene un libro precioso que llamó “Medio de construcción”. Y él todo es un poema jugando y viendo futbol.
Yo diría que, a pesar de su físico juvenil, ya no está en edad para correr el riesgo, cada semana, de que le desbaraten la rodilla, la espalda, el cogollo, la pierna, la post pierna o la cutícula; pero no es lo suyo oír mis opiniones y como tiene un amigo al que llama el camaleón peripatético, con el que mantiene todos los miércoles las conversaciones más eruditas de que se tenga noticia, cuando le toco el tema, se mimetiza, cambia de color y no me hace ningún caso.
En cambio, cuando lo llamo para ver los juegos de la selección mexicana, en lo que se consolida cada día con más fuerza como el palco del general cuyo nombre lleva la calle en que vivimos, acude dócil y generosamente. Tras él viene toda la parentela y con ella una parte crucial de nuestros amigos, entre los que predomina una futbolera entusiasta y preciosa bien nombrada Denise Eme.
Simbólicamente, Luis Miguel juega en el equipo Patria. Los días de partidos clave, todos los demás jugamos en su mismo equipo. Y el Patria se vuelve la Selección Mexicana. ¿Qué le vamos a hacer? En los últimos meses no nos ha ido bien. Quien no lo sepa en este blog, y quiera bien entenderlo, puede asomarse al blog de la redacción de Nexos. Ahí hay una elocuente descripción y análisis de nuestras desgracias. Por eso, y porque no sabría cómo, es que no voy a enumerarlas aquí. Baste sólo con decir que utilizo este espacio para convocar a la razón.
Punto: En lo que llamamos el palco, yo me siento de perfil. Con un ojo veo la tele y con el otro veo al público. Mi verdadera fiesta. Y lo oigo con los dos oídos que aunque sordos fueran lo escucharían, porque el griterío es comparable al del estadio Azteca. Y es que es un sufrir que hace palidecer varios velorios. Eso sí, se bebe como en los velorios de antes. Así que hay ratos en que la tragedia se confunde con un júbilo de carcajadas. Como en el último juego, cuando el gol de Estados Unidos nos salvó de la perrera en que ya estábamos con todo perdido, menos las razones del poeta explicando que las eliminatorias siempre son arduas. ¿Cómo no estar felices si hubo un momento en que los viejos evocaron con horror la infancia en que México no ganaba jamás y todo era un balbuceo? Sí. Gracias al empeño goleador de nuestros vecinos de arriba, iremos a eso que llaman el repechaje. Quienes no entiendan la palabra no me pregunten qué quiere, porque no está en mí responder semejante conjetura. Con toda sencillez vengan a sentarse a la orilla del río de gritos que es nuestro palco y finjan que entienden todo, como hago yo.
Punto y aparte: ¿Por qué dije que vengo a apelar a la razón? Porque aquí, cuando cayó el famoso gol de los malqueridos vecinos que de repente se volvieron buenos, hubo una alegría idéntica a la que hizo brincar al denostado Chicharito. Pobre “Little pee”, la está pasando fatal. Porque celebró lo que era de celebrarse: otra oportunidad. Y porque falló un penalti, desaprovechó tres oportunidades únicas y quién sabe cuántas otras culpas. No está solo, nombren a un jugador y saldrán de bajo el tapete cientos de indignados compatriotas a contar sus errores. No me parece justo. Como tampoco me parece bien que se ponga sobre los hombros de unos chamacos el deber de salvar la dignidad nacional y otra serie de necedades.
Poesía para hoy: “Como la sota moza, Patria mía,/en piso de metal, vives al día,/de milagros, como la lotería.
Reiterada y feliz cita del poeta camaleónico, al terminar la batalla. De Ramón López Velarde, en La suave patria.
Música para hoy: Bach. Cantata número 169. Enlace en el último comentario de ayer.
Y aquí les dejo: LA SUAVE PATRIA – Poemas de Ramón López Velarde http://www.poemas-del-alma.com/ramon-lopez-velarde-la-suave-patria.htm#ixzz2i2iZ3E9r