Nublado sol de estas horas

Está la noche de cristal y hay una estrella avisando que ahí viene el invierno. Contra lo que pueda creerse, al despertar, la frase de aquí arriba describía el amanecer. Porque las siete, para mí, son el más temprano amanecer. Y Héctor despertó a ver el fútbol. Me da pena con los amigos argentinos, pero ahora nos urgía ganarle a su equipo porque a la selección mayor le ha ido muy mal y los hermosos chamacos de la sub diecisiete le están salvándole el ánimo al país. “Ójala y sean campiones” dijo un entrevistado en las noticias de hace rato. Yo no sé por qué tantos países cifran sus éxitos al parejo que los de sus futbolistas, lo que está claro es que así es. Y ahora estamos felices y orgullosos de nuestra chamaquiza. A ver qué pasa con los nigerianos. A mí me dan pavor.
Signos de interrogación: Me pregunto cómo le habrá ido a Ricardo Bada en su conferencia, sobre Cernuda, en el Centro Cervantes en Hamburgo. Estoy segura de que bien. Lo que lo hace divertido es que la preparó un mes y estaba nervioso. Sólo Frank Sinatra era peor. Adivinen por qué lo digo.
Punto y seguido: Qué bien la conversación de ayer. Muchas gracias. Renato habría de estar presumidísimo de verse tan querido. Voy a buscarles unas fotos. Porque era guapo. Sobre todo de viejo.
Punto y aparte: Hoy vinieron a comer los amigos de los martes. Ya he contado de Lilia, mi amiga de voz inquieta y bondad a toda prueba. Ayer fue su cumpleaños. En la mañana corrí a comprarle un regalo. Libré una manifestación y un choque. Luego, se me olvidó dárselo.
Poesía para hoy: Seguiré con Leduc: La vida es triste/tomemos un café. O algo aún más desencatado: No haremos obra perdurable/no tenemos de la mosca la voluntad tenaz.
Música para hoy: Los mareados. Con Eugenia León.
Cumpleaños de hoy: Mercedes Barcha. La merecedora de tan célebre dedicatoria: Para Mercedes, por supuesto. ¿Y cómo no? A Mercedes hay que verla, para creerla.

Una brizna de infinito

Lo recuerdo a cada rato, hermoso y viejo como lo conocí. Tenía largos los dedos de las manos y el cabello canoso pero salvaje y descuidado le daba a su cabeza un aire de juventud que ningún hombre de treinta compartía ya con él.
Tenía un rayo de burla en las pupilas y una guerra en los labios. Era encantador y adorable, como debió serlo desde los siete años en que lo mandaban a comprar el petróleo cerca de su casa. Se lo vendía una mujer sobre cuyo trasero, según él evocaba, se podía tomar el té y jugar barajas. Renato entraba en la tienda con dos monedas y la esperanza de que algún efecto embriagante le hiciera el aroma que corría bajo el mostrador, siempre que la mujer tenía a bien
curarse las reumas con una poción de alcohol y mariguana en la que hundía los pies apacible y distraída. Cuando la recordaba, yo sentía que su memoria de poeta aún podía tocarla. Escucharlo contar el pasado fue siempre un privilegio.
Se han dicho tantas cosas de Renato Leduc, yo misma he recontado tantas veces el aire atrevido que traía con él, sin embargo sé que no acabaré de aprehenderlo nunca, por más que lo añore todos los días.
Punto y aparte: Pienso en él como en una brizna de infinito. Y en “Ninguna eternidad como la mía” quise inventarle un amor de juventud.
Müsica para hoy: Piensa en mí. Agustín Lara. Y a ver quién encuentra la mejor versión.
Poesía para hoy:
y se abrirá en el silencio —breve y única ventana—
como voz de la esperanza la verde voz de una rana:
Quien gana en amor se pierde, en amor quien pierde gana.

Renato Leduc

La generación App

Dos amigos me han iluminado el día. Uno es Howard Gardner. Ya sé que lo conocen y lo han leído. No es fácil leer a Howard. Es un maestro excepcional y escribe libros con los que ayuda, pero que no se venden en las librerías de paso. Howard piensa en el futuro, en el bien común, en las virtudes esenciales y el modo en que conviene enseñarlas. Ha dedicado su vida y su sofisticada cabeza a pensar en la educación, en las nueve formas de la inteligencia y el modo en que se relacionan en los genios. Hace poco hizo un ensayo en el que reflexiona sobre el bien, la belleza y la verdad. Tres tesoros que parecen a la mano y que nos urgen, vistas desde los ojos de quien sabe lo que valen. Ahora me mando su libro más reciente. Se llama The App Generation. Cómo es que hoy los jóvenes construyen su identidad, su intimidad y su imaginación en el mundo digital. Promete. Y lo voy a tener que leer en inglés. Así que apúntenme una buena. Y si consigo descifrarlo les entregaré una crónica que los convoque a leerlo en cuanto esté en nuestra lengua madre, que es una lengua padre. Voy a presumirles mi dedicatoria. Sobre todo a quienes trabajan como maestros. Belén, en Madrid, por supuesto. Para Angeles, tresured friend, greographicaly far, sipiritually close. Lo demás es el cariño y otras cosas que caben en una palabra.
Poesía para hoy: Otra vez Juan Ramón Jiménez.
“¡Inteligencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!.”
(Eternidades, 1918)
Punto y aparte: A propósito de la teoría de las inteligencias múltiples.
Música para hoy: Conciencia y corazón. Con bola de Nieve.

Imagen alta y tierna

¿Qué tal es morirse del sueño? Hace mucho que no me sucedía. Pero ahora, después de comer un pan de muerto, al que diría el Gabo que debemos llamar pan de vivos, entré en una perdición como la que han de sentir quienes se emborrachan por días. Un cabecear sin cabeza que me dejó dormida sobre el teclado. Conchis, mi amiga, la gramática, estuvo conversando con Mateo, aquí abajo, en torno a los varios textos en que trabaja el futuro novio. Y yo no los oí ni bajar, ni despedirse. Tampoco oí si me hablaba mi amiga caperucita Pérez Romo y ni siquiera soñé que ya había ido al danzón. No soñé nada. Me despertaron los ronquidos de Nino, que duerme haciendo un ruideral. Pesa diez kilos y hace un ruido como el que dicen que hacía el ogro de Pulgarcito. Vi el reloj y había pasado una hora. Creí que dos minutos. Tengo en la panza una rueda de molino. Pilar Jiménez, en D´gusto, hace los panes más regios del mundo. Salen de su horno, amarillos y sonrientes. Hoy nos envió dos. Ojalá y me diera el talento para tomarles fotos y subirlas. A ver si mañana me ayudan Ana Sofía y Jorge Landa, los dos remolinos a cargo de lidiar conmigo en esta página.
Punto y aparte: Leo que en el valle de Guadalupe, en Baja California, se han creado viñedos que crecen con nobleza, en un clima parecido al del Mediterráneo. Ahí cada vez se hacen mejores vinos. Entonces, ¿Por qué no? Si no, ¿qué chiste?, diría mi amiga Lilia, hay quien ha inventado construir en esa zona una monstruosidad. El ayuntamiento de Ensenada está tramitando el uso de suelo agrícola y natural por uno que permita construir en el 48% de la región vitivinícola. La nota es de Juan Diego Quesada, antier, en El País. Es el colmo, pero El País se está volviendo el mejor periódico mexicano.
Música para hoy: Nos la regaló Manu, una mujer extraordinaria que vive al mismo tiempo en Andalucía y en el mundo. Crece aceitunas, y sabe de memoria los mejores poemas, (todos) de Juan Ramón Jiménez. A él se encomienda cuando se le atraviesa algo difícil y sé que lo resuelve con más premura que el mismísimo San Judas.

Poesía para hoy: De Juan Ramón Jiménez: Sueño. “Imagen alta y tierna del consuelo”, así empieza.
Y sí: todo el miércoles fue el cumpleaños 113 de Agustín Lara. Yo le debo muchas cosas a ese hombre. Pero el título de mi libro, no tendré nunca cómo pagárselo a su memoria. Por no dejar de ser agradecida, hoy le llevé unas flores a la Rotonda de las personas ilustres.
Les recomiendo: el último comentario en Un agujero naranja. Así vio Sinaloa.

San Juditas

Los martes, en mi casa, crecen las ollas de comida. Y vienen los invitados de siempre y los de cuando pueden. Nunca se sabe por dónde llega el bien. Estos encuentros los propició la enfermedad de nuestro amigo José María.
La ciudad es inhóspita, y a veces desquiciante, por eso no es fácil encontrarse a media calle y hay que agradecer el esfuerzo de quienes llegan hasta las sillas de nuestro comedor y se acomiden, en martes, a buscar la claridad de un rato de conversación. Eso que, como bien decía doña Emma, puede ser la mejor de las curas.
Hoy hicimos una mezcla serena y sonora. Vino Lilia Rossbach, con la cauda de alegrías que puede sacarle a su tristeza. Vino Silvia con sus ojos azules como abismos y una sonrisa que ha de venirle del cielo. Vino Manqué con el mundo entre manos y un guiso de marlín que trajo de Sinaloa y nos comimos aquí como quien abre en dos el mar. Vinieron también los hombres: Luis y Luis Miguel, Alberto, Ignacio e Ignacio, Mateo y Héctor. Hablamos de todo. Y no en todo estuvimos de acuerdo. Pero ya nadie quiere el desacuerdo. Así que nos oímos y aprobamos cuando queremos y no desaprobamos cuando queremos. Las comidas del martes han de pasar por este absurdo, con la paradoja de su cordura a prueba de afectos.
El acuerdo de hoy: en nuestro país hay muchos peligros, pero el de los aeropuertos sin los radares adecuados, es uno que tiene remedio.
Punto y aparte: Antes de la medianoche anterior al lunes 28, nuestro vecino, el párroco de la Iglesia de San Miguel, arrancó a tirar cuetes sin medida ni prudencia. Y no paró sino 36 horas después. ¿Motivo? Lo supimos por ahí de la hora 22: cumplió años San Juditas Tadeo. El conocido abogado de las causas difíciles y desesperadas. En mitad de la avenida Constituyentes, como si faltaran marchas, protestas y descomposturas, paseaba al mediodía una peregrinación con el santo en vilo. Habrá que pedirle algo, hubiera dicho mi tía Nena. Pero ha de estar ocupadísimo. Sin embargo, no estaría de más pedirle silencio, porque Héctor trató de quejarse con la autoridad del barrio y no consiguió sino el escepticismo de una señorita sorda.
Baile de hoy: Me ruega Adriana Sánchez, que es el entusiasmo y la nostalgia en dos pies, que convoque a un lugar llamado “La Maraca”. Han envejecido quienes sustentan ahí la ceremonia del danzón. Y hoy es el baile blanco y negro. El mundo da para todo. Habrá que pedirle a nuestro vecino cohetero que le encomiende el caso a San Juditas. Ahí sí que va a necesitarse.