De milagro

Tengo por el juego de futbol un cariño que pasa por todos mis cariños del sexo opuesto. Mi papá, mis hermanos, ni se diga mi cónyuge, mis hijos, mis sobrinos, mi yerno, buena parte de mis amigos y el más drástico de todos, mi cuñado el poeta Luis Miguel Aguilar. A él no le gusta que uno lo nombre, pero tiene un libro precioso que llamó “Medio de construcción”. Y él todo es un poema jugando y viendo futbol.
Yo diría que, a pesar de su físico juvenil, ya no está en edad para correr el riesgo, cada semana, de que le desbaraten la rodilla, la espalda, el cogollo, la pierna, la post pierna o la cutícula; pero no es lo suyo oír mis opiniones y como tiene un amigo al que llama el camaleón peripatético, con el que mantiene todos los miércoles las conversaciones más eruditas de que se tenga noticia, cuando le toco el tema, se mimetiza, cambia de color y no me hace ningún caso.
En cambio, cuando lo llamo para ver los juegos de la selección mexicana, en lo que se consolida cada día con más fuerza como el palco del general cuyo nombre lleva la calle en que vivimos, acude dócil y generosamente. Tras él viene toda la parentela y con ella una parte crucial de nuestros amigos, entre los que predomina una futbolera entusiasta y preciosa bien nombrada Denise Eme.
Simbólicamente, Luis Miguel juega en el equipo Patria. Los días de partidos clave, todos los demás jugamos en su mismo equipo. Y el Patria se vuelve la Selección Mexicana. ¿Qué le vamos a hacer? En los últimos meses no nos ha ido bien. Quien no lo sepa en este blog, y quiera bien entenderlo, puede asomarse al blog de la redacción de Nexos. Ahí hay una elocuente descripción y análisis de nuestras desgracias. Por eso, y porque no sabría cómo, es que no voy a enumerarlas aquí. Baste sólo con decir que utilizo este espacio para convocar a la razón.
Punto: En lo que llamamos el palco, yo me siento de perfil. Con un ojo veo la tele y con el otro veo al público. Mi verdadera fiesta. Y lo oigo con los dos oídos que aunque sordos fueran lo escucharían, porque el griterío es comparable al del estadio Azteca. Y es que es un sufrir que hace palidecer varios velorios. Eso sí, se bebe como en los velorios de antes. Así que hay ratos en que la tragedia se confunde con un júbilo de carcajadas. Como en el último juego, cuando el gol de Estados Unidos nos salvó de la perrera en que ya estábamos con todo perdido, menos las razones del poeta explicando que las eliminatorias siempre son arduas. ¿Cómo no estar felices si hubo un momento en que los viejos evocaron con horror la infancia en que México no ganaba jamás y todo era un balbuceo? Sí. Gracias al empeño goleador de nuestros vecinos de arriba, iremos a eso que llaman el repechaje. Quienes no entiendan la palabra no me pregunten qué quiere, porque no está en mí responder semejante conjetura. Con toda sencillez vengan a sentarse a la orilla del río de gritos que es nuestro palco y finjan que entienden todo, como hago yo.
Punto y aparte: ¿Por qué dije que vengo a apelar a la razón? Porque aquí, cuando cayó el famoso gol de los malqueridos vecinos que de repente se volvieron buenos, hubo una alegría idéntica a la que hizo brincar al denostado Chicharito. Pobre “Little pee”, la está pasando fatal. Porque celebró lo que era de celebrarse: otra oportunidad. Y porque falló un penalti, desaprovechó tres oportunidades únicas y quién sabe cuántas otras culpas. No está solo, nombren a un jugador y saldrán de bajo el tapete cientos de indignados compatriotas a contar sus errores. No me parece justo. Como tampoco me parece bien que se ponga sobre los hombros de unos chamacos el deber de salvar la dignidad nacional y otra serie de necedades.
Poesía para hoy: “Como la sota moza, Patria mía,/en piso de metal, vives al día,/de milagros, como la lotería.
Reiterada y feliz cita del poeta camaleónico, al terminar la batalla. De Ramón López Velarde, en La suave patria.
Música para hoy: Bach. Cantata número 169. Enlace en el último comentario de ayer.
Y aquí les dejo: LA SUAVE PATRIA – Poemas de Ramón López Velarde http://www.poemas-del-alma.com/ramon-lopez-velarde-la-suave-patria.htm#ixzz2i2iZ3E9r

Si le pega NO me da igual

Miren ustedes: Margarita Guillé abrió, hace años, en Aguascalientes, el primer refugio para mujeres. Con el tiempo, movida por la pasión y ayudada por quienes se iban conmoviendo a su paso, inició lo que ahora se llama la Red nacional de refugios para mujeres.

Oigan ustedes: Ayer vino Virginia, y me contó este horror: La sobrina de alguien a quien mucho quiere, está casada con un hombre que la golpea. Hace como dos años huyó de él y fue a dormir a casa de su hermana. Al día siguiente, acompañada por sus tíos y su pena fue y puso una demanda contra el golpeador. Pero al poco tiempo, la encontró el marido. Adivinar qué le dijo al oído o con qué amenaza se la llevó. El hecho es que ella volvió con él. No me imagino cómo, porque no está en mi entendimiento, pero regresó de cuerpo completo y vino otro embarazo.

Punto: Hace una semana nació el niño. Un mes antes de lo esperado y tras la golpiza que volvió a recibir la mujer. Semejante trance la tuvo dos días en estado de coma, así que el marido llamó, ahora sí, a la parentela. Y desde el pueblo acudió otra de las cinco hermanas. La acompañó en el hospital y estuvo junto a ella hasta que la dieron de alta. Al salir, la recién parida aceptó ir a la casa: ¡de él!

Punto y seguido: Sé que quienes trabajan ayudando a mujeres que esto sufren, encuentran con frecuencia esta contrahechura. A mí me espanta como si cada uno fuera el único caso que oigo. La muchacha con su primer niño, ahora de tres años, y su segundo, de una semana, está bajo la custodia de la mamá del golpeador. Misma que a buena hora, aunque ni ustedes ni yo lo podamos creer, echó a la calle a la hermana diciéndole que ya no era necesaria.

Dos puntos: Otra cosa más allá de toda lógica: ¿Por qué se fue? Ella dijo que porque su hermana se lo pidió y le pidió también que no contara nada, porque ahí no había pasado nada.

Signos de aflicción: Y así, ni qué hacer. Se persigue de oficio a quienes maltratan a los niños, con una denuncia se acude de inmediato. Pero las mujeres tienen que ir y denunciar. Mínimo, si alguien más lo avisa a una autoridad, ellas tienen que ratificar la denuncia. No puede ser de otro modo.

Punto final: Se llama Red nacional de refugios para mujeres. La historia de su formación y crecimiento da para una novela, más que para un libro de sociología. Sea como sea, el caso es que existe y que hay muchos lugares, uno en cada estado de la república, en los que se puede desde orientar hasta recibir a mujeres que hayan sido golpeadas o sufran violencia en su casa y necesiten un lugar en el que cobijar su desamparo. Hay quien tiene miedo a decir lo que le pasa, quienes lo niegan, quienes querrían huir un día y volver al otro. Si alguien necesita ayuda, el teléfono a marcar es el 01 800 822 4460.

Otra vez: Marcar al 01 800 822 4460

Disculpa de hoy: Sé que las habituales visitas de este blog no necesitan este teléfono. Pero nunca falta quien lo quiera.

Poesía para hoy:

Para todo se halla prueba
y razón en qué fundarlo;
y no hay razón para nada,
de haber razón para tanto.

Música para hoy:  Mahler. Tercera sinfonía. Primer movimiento.

 

Románticos con Ipad

A propósito de muchas cosas, no me canso de repetir una obviedad: esto del Ipad es una maravilla. Por muchas razones, sin duda porque se puede caer en el soliloquio y ver 20 veces la misma película sin que nadie lo sepa. Hace poco, en el avión, me puse a ver, ¡para variar!, Out of Africa. En español le pusieron “África mía”. No tienen idea lo que pude llorar. Y no como pretexto por una propia pena, ni dicha, que a veces pasa, sino con esta forma del llanto que acompaña otra pena. Y como una grata reacción a la belleza creada por otro. Sydney Pollack era dios, que diría mi hija Cati. Y su guionista, Kurt Luedtke, (nombre que aprendí porque ése es otro milagro del Ipad: uno puede detener la imagen en la pantalla con sólo poner el dedo encima), es un talento que me alegra conocer y reconocer. Esta elocuente manera de volverse erudita, en media hora, a la que con tanta alegría nos convoca la comadre miss google, me ha puesto en el conocimiento de otros de sus guiones. Varios también para Sydney Pollak.

Punto y seguido: Pero no iba yo a eso sino a la escena en que Dennys Finch (Robert Redford) le está lavando el pelo a Meryl Streep, que es la mejor de todos, en el supuesto de ser Karen Dinesen, como se llamó la baronesa Blixen antes de serlo, y la escritora Isaak (el que ríe) Dinesen, antes que nada. Ahí Dennys, bien contado por Redford a quien no le conozco ni le consideraré nada mejor, dice unos versos que por primera vez tuve la paciencia de querer oír con precisión, quizás porque tenía los audífonos y ahí se nota más la melodía del poema. “He prayeth well, who loveth well, bouth man, and bird and beast”. Lo escribí en el internet y me condujo a las “Rima de un anciano marinero”, escritas por Samuel Taylor Coleridge, el fundador del romanticismo inglés. Y todo gana sentido: es como si hubieran estado declamando a Bécquet en un campamento a principios del siglo XX, como haber recitado: “volverán las oscuras golondrinas/ de tu balcón sus nidos a colgar”. Por eso es tan natural y se lo saben tan bien y ella puede decirle que se está saltando unos versos y él responder que se salta los que no son buenos. Luego ella, en el entierro de Dennys lee otra vez unos versos del mismo poema. Por supuesto mientras eso sucedía, yo lloraba, no ruidosamente, pero sí copiosamente, sobre mi largo pañuelo atado al cuello. “Farewell, farewell…” Es el canto siete en el que están los versos que nos conciernen. No crean que les entiendo bien. Era mil ochocientos y algo cuando los escribió y estaba bastante loco, según he leído. Era un románico, si se fijan bien suena a Chopin, como tardíos románticos eran la Dinesen y Fynch. Más tardía yo, bloguera del siglo diecinueve, en el XXI. Y quienes esto leen que si llegaron hasta aquí, sin duda hubieran estado a la última moda del siglo antepasado.

Me atreverá a traducir lo que intuyo: El rezó bien/ amó bien/, lo mismo a los hombres, los pájaros y las bestias.

Pero ya me lo corrió el sabio poeta:

Bien reza quien bien ama

al hombre, al pájaro y a la bestia.

Sírvame el entendimiento

Nos pasamos la vida viendo vivir a los demás, mientras hacemos el intento de hallarle los modos a nuestra propia vida. Y por quién sabe qué motivo, a veces entendemos mejor las razones de los otros y creemos saber con toda exactitud lo que deberían decidir en cada caso, aunque nos paralice de mañana nuestro propio futuro y muchas veces no tengamos ni la menor idea de qué hacer con el presente más inmediato.

Punto y seguido: Esto creí cuando era menos vieja y el  futuro parecía una larga lista de quehaceres. Ahora me he vuelto humilde. Estoy segura de que ver vivir a los demás  es el espectáculo que más sorpresas nos otorga. Y que intentar comprender, es el trabajo más arduo que nos ha dado la vida.  Que el mundo de los sentimientos y las razones humanas nos es tan conocido como extraño y es tan impredecible como alguna vez lo creímos fácil.

Punto y aparte: los otros y sus vidas son siempre impredecibles y misteriosos, como los buenos libros. De ahí el afán de leerlos.

Música para hoy: De acuerdo: María Callas. Recomiendo escuchar siquiera uno de los enlaces que ayer nos dejaron aquí.

Poesía para hoy:

Sírvame el entendimiento
alguna vez de descanso,
y no siempre esté el ingenio
con el provecho encontrado.

Todo el mundo es opiniones
de pareceres tan varios,
que lo que el uno que es negro
el otro prueba que es blanco.

¿De quién?: Ya saben ustedes, mi lugar común: J.I. ¿Qué culpa tengo yo del tamaño de su genio? En todo ayuda.

 

Un bel ladrar

La tarde se ha puesto azul añil y todo el que tiene cabeza quiere asomarla para ver de qué modo lo bello puedo llegar incluso aquí, a esta ciudad que tantos novios tiene, como prueba de que es cierto el dicho que reza: “la suerte de la fea la bonita la desea”. Está la ciudad iluminada, con los rayos del sol de las seis de la tarde, y yo querría salirme a caminar de aquí a los volcanes. Como si estuviera en casa de mi hermana y el horizonte de cristal que ahora miro de lejos, me dejara tocarlo.  Pero he vuelto de comer en Arturo´s, un pescado con alcaparras y un pastel de limón con merengue que siempre sabe a viaje de infancia. También el queso brie, más la copa de vino espumoso que Arturo se empeñó en ofrecernos para celebrar que hace cinco años abrió su restorán en La Condesa. Célebre barrio al que también hemos de dedicarle entradas varias en este blog de absurdos tan parecidos a toda a ella.

Punto y aparte: Estábamos en Chente y su destino. Daniela llegó a Puebla con él y lo llevó a vacunar, despiojar, desempulgar y empezar a comer. Todo eso a cargo de Lorena, su hermana, mi otra sobrina, que tomó el relevo de los cuidados tan en serio como ella toma todo. Y empezaron las fotos. Las mandaba mi hermana. Mi hermana, que hace un mes se rompió la otra pierna, (los íntimos recordarán que hace apenas un año se había roto la izquierda, ahora le tocó a la derecha), tuvo que quedarse en casa y el perro pasó a sus brazos con su encanto. Al tiempo en que llegó el perro llegó el Ipad y con él la simpárica y esperanzada cara de Chente. Porque la cara de Chente es un poema. Y yo, aunque no se dijera, parecía la más indicada (ojo: nunca me lo pidieron) para aceptarlo a vivir en mi casa. En la de mi hermana ya hay seis perros, dos vacas, cuatro caballos, veinte borregos, peces en dos estanques al aire libre y una pecera en la cocina. Mi cuñado, el que no presta sus herramientas, ha prestado una parte crucial del terreno que hizo a mano, rescatándolo de ser un monte de tierra terca, para las distintas aficiones animales de las tres mujeres. Pero dentro de la casa ya no acepta uno más. Y Chente, por poco fino que sea, no está para vivir a los cuatro vientos. Menos entonces, que apenas empezaba a ponerse en pie y que su cuerpo tenía la misma forma de patas largas, joroba y panza abultada de los primeros dinosaurios. Aún seguía sin poder apoyar las cuatro patas al mismo tiempo, como manda la naturaleza que hagan los cuadrúpedos cuando están sanos. Entonces llegué yo, de visita con Nino, el solterón de mi casa. Herencia de mi madre, empieza a ser un viejo perro huérfano porque cuando murió la perrita que fue en parte su mamá y en parte su rival, debió aprender a vivir solo en medio de unos humanos que se empeñan en tratarlo como persona. Sin duda yo, que a veces lo miro mirarme con los ojos de un sabio y tengo la certeza de que puede convertirse en príncipe. ¿Qué mejor idea que acompañarlo con la urgencia de cuidados que necesita Chente. Ninguna mejor, pero ninguna con menos destino. Su servidora ya no está para servir de nada. Y a Chente, hay que enseñarlo a todo. Otra vez: aquí no, allá sí, adentro, afuera, en el cojín. ¿Recuerdan la canción de Serrat sobre los niños? Pues el mismo proceso civilizatorio y devastador, pero con un perro. No pude. No me lo traje. Abriendo los ojos lo dejé pasar tras dos días de convivir con su estampa, con su cara de súplica sonriente. Encontraría una casa, me dije para espantar la culpa, y lo dejé en manos de mis sobrinas y mi hermana liderando el examen de la lista de solicitudes de adopción.

Noticia: Hace una semana Lorena se lo entregó a una señora que cumplía todos los requisitos. Chente pasó a vivir a la Colonia Bugambilias. Come croquetas, corre a placer, y enriquece la vida con su vida. Eso sí, ladra en un mí bemol que para mi fortuna no tengo que oír todo el día. Mi viejo príncipe es mudo, si acaso suspira y sin duda ronca.

Música para hoy: “Casta Diva” con Cecilia Bartoli. No lo podrán creer, Si se descuidan les gusta más que la Callas. Canta un tono más abajo y suena divino.