APAC: milagro que vive

A.P.A.C son las siglas de la Asociación pro personas con parálisis cerebral. APAC es y ha sido pionera, creativa, inteligente, libre, audaz. APAC recibió el Premio Nacional de Calidad, por ser ejemplo, líder, admirable organización con impacto en la sustentabilidad.
Puede parece extraño un premio así, para una agrupación que según los ojos de quienes no la han visto de cerca, es algo pequeño, más bien fundado en la buena voluntad y lo que se nombra con la a veces desdeñada palabra filantropía. Contra todo, palabra prodigiosa que significa amor por otros.
Me pregunto ¿qué relación puede tener el amor por otros con la sustentabilidad? ¿Habrán tenido en su horizonte tal palabra las mujeres que fundaron esta asociación para darles a sus hijos la firmeza, la certidumbre, sin duda pionera en nuestro país y en muchos otros, de que la condición extraordinaria del cerebro de sus hijos no los hacía seres inferiores, solos, desolados? Sino excepcionales. No encuentro en el diccionario de la Real Academia de la Lengua la palabra “sustentabilidad”. Pero puedo suponer que es una variable, digamos que post moderna, que se deriva de sustentar. Proveer a otros de lo necesario. Conservar, sostener, defender. Y eso sí que lo querían para sus hijos, para sus muy queridos, para sus milagros con vida, las mamás de los primeros niños con parálisis cerebral que fueron atendidos, educados, acompañados por APAC.
Y eso sí que lo quieren, con vehemencia, con talento, con entrega quienes ahora trabajan en APAC . Y lo quieren, lo queremos, quienes mucho, o un poco, tanto como cada quien puede, ayudan a sostener la sustentable institución que tiene su sede en esta casa, en la Colonia Doctores de la Ciudad de México, pero que ha creado un modelo de atención que se replica en 46 centros que están en muchas otras partes de nuestro querido país. Sí, querido país. No ese país, no un país, nuestro país. APAC procura y promueve la calidad y la calidez que necesitan quienes acuden a ella. Y esto la ha convertido en una institución importante, dentro de las muchas instituciones, a veces casi invisibles, que sostienen y fortalecen una red que mantiene vivo lo mejor de nuestra sociedad.

En más de 48 años APAC ha sabido crear un modelo idóneo para dar ayuda a quienes en ninguna otra pueden acceder a servicios de salud y educación. Es por eso una institución con procedimientos y prácticas de clase mundial. Este fortaleza institucional ha sido la principal estrategia de APAC durante los últimos años, esta fortaleza la ha vuelto un referente esencial para muchos otros.

Me entero, la verdad, apenas ayer, con precisión, de que APAC, en casi cinco décadas ha atendido a más de 23,500 beneficiarios directos. Lo cual. me escribe una de las mujeres fundadoras “sólo ha sido posible gracias al equipo humano que todos y cada día trabaja en sus diferentes áreas de especialidad y sin lugar a dudas a todos aquellos donantes, tanto individuales como institucionales, que gracias a sus aportaciones hacen posible seguir adelante con este proyecto de gran impacto social para México.”

Yo muchas veces he creído que la vida está regida por el azar y que poco puedo hacer para contradecir sus leyes. Pero me equivoca al creerlo. La gente como ustedes, me lo hace ver. Hay otro tipo de soñadores, sin duda más útiles que quienes sólo cambiamos el mundo al recontarlo, al escribir. Ellos, ustedes, prueban para bien de muchos, que se puede lidiar con lo que parece un destino inevitable y trastocar su ley. Creen que las cosas tienen remedio. Y, para alegría de muchos, van probando que así es.
Vuelvo al principio. Que la injusticia deje de ser natural y aceptada requiere de un arte difícil de practicar. Un arte que no es ficción y que acompaña al generoso, aunque desgastado, verbo amar. a la palabra sustentable y ahora al adjetivo sustentabilidad.
Sé, que se encuentran alegrías extraordinarias en el arte de dar. Se encuentra un regocijo que no es equiparable con otros. Ustedes, quienes trabajan en APAC, quienes la sustentan, sin duda Leonor Ortiz Monasterio, deberían provocar en todo el mundo, el deseo de compartir su pasión. El bien de quienes lo hacen y el de quienes al recibirlo encuentran bienes.
Tantas cosas arduas e incomprensibles suceden bajo las estrellas, entre nuestra gente, en nuestro país, que es un crimen no saber mirarlas, no querer detenerse a comprenderlas y buscarles remedio. No a asistir atónitos a la idea de un remedio, sino, fundamentalmente a intentar remediarlas. Esto que de nadie, sino de nosotros, depende.
Elegimos modos extraños de convocar y asumir el mundo que nos rodea. Ustedes han elegido uno de los mejores. Compartir con otros la certeza de que estos tiempos, y los que vengan, tienen remedio cada día, enmiendas diarias. La certeza de que el bien, como las estrellas, pueden acompañarnos, han de acompañarnos siempre.

Post Scriptum: Tuve el gusto de decir esto, el siete de junio, en una celebración sencilla y cálida con la gente que trabaja en APAC

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