Todos mis santos

Como si no anduviéramos cargándolos de aquí para allá todos los meses, en noviembre avivamos la manía de celebrar a los muertos. Urgidos de una fiesta les ponemos altares, flores, velas, dulces.
Hubo un tiempo, en que creí que la vida era todo eso que me faltaba caminar, cuando mis hijos eran niños y yo consideraba crucial educarlos en las tradiciones, en que al principio de este mes yo arreglaba una ofrenda en el patio y le ponía las fotos de mi padre y mis abuelos detenidas sobre papel morado y entre flores naranjas, calaveras de azúcar y panes amasados con azahar. Ya no lo hago. No porque me parezca más absurda, ahora, que antes, la creencia de que los muertos pasan a comer el meollo de lo que les dejamos para alimentar su vida de fantasmas. Nunca pensé que tal cosa tuviera otro sentido que no fuera el placer mismo de imaginar que nos visitarían los difuntos, pero algo había en el aire alrededor de mi alma que alentaba ese noble placer. Ya no. Será porque mis muertos se han ido haciendo tantos que ya no caben en el cielo, ya no regresan. Mejor dicho, no se van. Aquí andan todo el año, dando su guerra diaria, haciéndome reír con la aleatoria reminiscencia de sus guiños. Aquí yo, negándome a llorarlos. Aquí está la memoria acompañando.
Andan aquí los muertos, ni para qué ir al panteón a buscarlos.

9 comentarios

  1. Aida   •  

    Usted, tiene razón, pero ahora con la nieta, me nace esa necesidad de que vea las ofrendas, y como mis perdidas son tan recientes, lo hice en casa, viniera o no viniera la nieta, porque me asalto la pregunta,
    ¿y que tal si en verdad vienen de visita? no vaya siendo. Y yo sin sin sus fotos y sus dulces.

    Además de esa necesidad de que su recuerdo no se apague.

    La leo y la disfruto.

  2. Ricardo Bada   •  

    Arcángeles querida, la que escribe como los ángeles, te cuento aquí inter nos que la primera medida tomada por Daniel Viglietti al llegar al cielo ha sido ponerse a desalambrarlo. Pronto cabrán todos nuestros muertos allí, dale un poco de tiempo a Daniel, que como buen oriental (uruguayos sólo son los futbolistas, decía Borges) es concienzudo y constante. No más dale su tiempito, tiene que desalambrar media eternidad. Pero tengo fe en el flaco, no desfallecerá. [Escribo esto y me entra un repeluz metafísico: ¿Y si desfallecer fuese revivir?]

  3. Xavier   •  

    Como en todos tus artículos, haces ver y sentir.
    A mí me gustan muchísimo estos dos días tan mexicanos. Como el tequila, la música, los colores y sabores.
    Qué caray.
    Ojalá podamos lavar con las fiestas las penas de corrupción y violencia.
    Abrazos Sergio.

  4. Monica   •  

    Maravilloso artículo! Me hizo sentir muy viva. Gracias.

  5. Enrique Heras   •  

    Sencillamente maravilloso como escribe.
    Un ramo de flores para usted.

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