Gabo: noventa o mil

¿Quién sabe qué mal quiso compensar la fortuna cuando puso en el siglo veinte la vida y los milagros del Gabo García Márquez? ¿Quién sabe de dónde sale el genio? ¿Quién la razón por la cual el destino nos lo acerca, como al agua?
Que las estrellas lo adivinen, a nosotros nos tocó atestiguarlo.
Ver a García Márquez andar el mundo con sus ojos en vilo y sus palabras en el aire, ha sido uno de los grandes prodigios que nos ha dado el siglo.
No se juega con el amor, ni con la historia, ni con los cuentos de la tierra y el río. O se juega para ganarles, como ha hecho el Gabo. De semejante triunfo hemos sido testigos sus lectores, que siempre somos sus amigos.
Leer a García Márquez y quererlo, es algo que sucede al mismo tiempo. Uno lo admira con la misma naturalidad que a las jacarandas, y del mismo modo se acerca a su prodigio. Lo quiere como a la luna porque, como la luna, le pertenece a cada quien de distinto modo y a todos tanto como quieran gozarla. Ahí está. Nadie ha sido tan pródigo con su talento y tan drástico con su audacia. Ahora cumple ochenta, como podría cumplir tres mil.
No sé si haya existido un tiempo en el que los humanos estuvieran orgullosos de su especie, sé que el espejo que ha puesto García Márquez frente a nuestros ojos nos asombra con los seres excepcionales que encuentra para regalárnoslos. Sé que las palabras con que ha dicho el mundo lo mejoran, lo alumbran, nos lo devuelven aliviado de sí mismo.
Sólo él sabe cómo le hace, sólo nosotros cuánto se lo agradecemos. Eso y la serenidad con que vive, como si no le pesara el aire.
Nunca, lo he visto aburrido, ni siquiera a las cuatro de la mañana, cuando tras una cena larga, repite, a petición popular y como por primera vez, un soneto de Lope:
“Suelta mi manso, mayoral extraño,
pues otros tienes tú de igual decoro;
deja la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.”

Poesía de la edad de oro, es lo suyo y es él. Nunca está harto de andar en la fiesta de vivir entre los demás, como los demás. No lo he visto ni una vez hablando mal de alguien y le tiene paciencia a la tarde, a la música de otros, al tiempo en que firma, por casualidad, en el lugar más inesperado, cientos de libros en una hora.
Leerlo es quedar presos de él, encantados igual que estarán nuestros nietos y sus descendientes y todo el que sobreviva al calentamiento global y a cualquier otro cataclismo. Sólo que nosotros, los desaforados habitantes de estos siglos, hemos compartido con él sus milagros, sabemos cómo son las cucharas, la música y el arroz en sus años y los nuestros.
¿Quién gobernaba España mientras Cervantes escribía el Quijote? ¿Quién Viena mientras Mozart hacía prodigios con la música que le cruzaba la imaginación? ¿Quién Florencia mientras Leonardo se preguntaba cómo volar? No importa. Ya nadie se acuerda, nadie siente en su piel, ni las guerras ni los desafíos de tales señores. En cambio, cada día y todos los días, algo de la estirpe de estos genios arropa nuestra vida. Lo mismo sucederá con García Márquez.
¿Quién gobernaba nuestro mundo mientras él, niño pintando la pared en su casa de pueblo, periodista, náufrago, testigo imaginario y presencial, marido de Mercedes, genio y cómplice de todos nosotros, lo contaba? Tampoco se sabrá.
En cambio cómo eran los hombres, los peces de oro, las mujeres de lumbre, las piedras, los eclipses, las dichas y desdichas que cuenta el único clásico vivo que conocemos, se sabrá para siempre. Y alguien, algún poeta después de la siguiente era glacial, terminará una cena con amigos repitiendo: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”

Punto y aparte: Como pudieron leer escribí este texto hace diez años. Lo dejo aquí como parte de un deseo compartido:seguir leyéndolo.

4 comentarios

  1. Sergio Mendoza   •  

    ¡Por eso amo sus textos señora Mastretta, por su claridad y sencillez a la hora de compartir una idea. usted y sus libros, sus puertos, sus ojos grandes, la emoción de sus cosas, sus maridos, etc etc, agradezco su existencia en esta era!…

  2. Ynes   •  

    Mil veces leído.

  3. mcjaramillo   •  

    Claro que perdurará junto a todos los inmortales, aunque nadie recuerde los conflictos que nos afligieron en el siglo XX.

  4. Patricia Ortega Múgica   •  

    Amo el tejido de sus palabras. Gracias Sra. Ángeles.

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