Klimt y la memoria pasando por Chetumal

Tengo que escribir el Puerto Libre para diciembre, pero no puedo quedarme sin pasar hoy por aquí. Vuelvo de una complicada sucesión de viajes. He deshecho y hecho la maleta cinco veces en siete días. Más otra vez, una semana antes, para ir a Puebla, a Profética, a presentar “Adios a los padres”, la novela de Héctor Aguilar
Dirán algunos de ustedes que no están las cosas como para andar celebrando algo, pero la verdad es que la vida tiene espacios de luz y uno tiene que arreglárselas para entrar por ellos a la emoción y la esperanza de otros. Yo acompañé a Héctor a Profética y tuvimos una conversación, pública, como muchas de las que tenemos en privado, sólo que con más elocuencia. Tanta que mi hermana pasó el fin de semana riéndose de nosotros y retándonos a mantener el grado de vehemente admiración que profesamos aquel día. “Si los veo discutir la más mínima cosa, los voy a acusar frente al público al que dejaron tan conmovido, porque están ustedes como para fundar un nuevo movimiento familiar. Digamos que post moderno”. Total, en ese reto estamos. Volvimos de tal presentación un lunes y para el sábado ya estaba yo de vuelta en Puebla para comer en casa de Beatriz Ponce de León, con una pandilla de blogueros. Casandra llegó de Costa Rica, Miriam de Aguascalientes, Daniel de Jalapa, Manuel de Puebla. Y todos llevaron a sua cónyuges, para que quedara claro que la rara comunidad que hemos creado en la red, tiene pies y manos. Se abraza de carne y hueso. Igual que pasó en España en España y en Uruguay. Los reportes de tal encuentro han corrido por el correo electrónico porque ahora parecemos estar en una nueva asociación clandestina, como si la revista Nexos hubiera intervenido el desorden que reinaba en el barco que tuvimos en Puerto Libre . A mí, ¿qué les digo? si va a haber chisme no me importa que sea en público y hasta en la iluminada página de internet de la revista Nexos. Salí al Puebla tras participar en la más que reñida bien conversada jurisprudencia en torno a los ensayos finalistas del premio Carlos Pereyra. Y tras acordar,con José Woldenberg y José Antonio Aguilar, que el ganador sería quien escribió un ensayo vívido y muy atractivo que ha de gustarles a ustedes, sobre el ocaso del imperio Austro Húngaro y el modo en que lo previó su literatura y con más precisión sus arquitectos y su principal pintor Gustav Klimt. Nuestro ganador, elegido por unanimidad, se llama Eduardo López Caffagi. Había entre los finalistas otros muy buenos textos. Ya los iremos viendo. Fue muy grato leerlos. Vuelvo a decirlo: hay gente buena. Gente pensando en el futuro y revisando el pasado con ojos que no da pánico mirar.
El lunes diez fui a Tabasco. A la entrega de los premios Malinalli. El martes y miércoles a Chetumal, el jueves y viernes a Cozumel, el sábado a Cancún. Ya les iré haciendo el recuento poco a poco, pero sepan que aunque suene a viaje turístico, fue cultural, porque no sólo “la rumba es cultura”, también la memoria y el buen modo de recontarla. Ya estoy aquí. No en el feis. A ese no le entiendo, ni me da tiempo. Buen día.

angeles