¿Croquetas?

Por motivos que son de bien para muchos, mi sobrina Daniela recorre el territorio del Estado de Puebla dándose cuenta y dando cuenta de cómo está el trato al medio ambiente en los pueblos más remotos. Se ha vuelto quien acarrea las palomas mensajeras que vuelven con todo tipo de informes. En el pueblo de Vicente Guerrero, una agrupación de mujeres entró a un concurso para obtener estufas ahorradoras. Ya hablaré de lo que son y de cómo se consiguen o no, según el líder que manipule la entrega. Pero ése es otro tema del que un día daré cuenta, cuando sepa bien de qué hablo. Ahora traigo la historia de Chente, a quien he empezado a echar de menos. Vicente Guerrero fue un héroe de la guerra de independencia de México. Yo no creo en los héroes de guerra, pero ésa es otra discusión. El hecho es que un estado de la República, cuya mitad está ahora bajo el agua, se llama así. Y no sé cuántos pueblos habrá en las diferentes sierras que el mismo nombre tengan. El pueblito en el que viven las aguerridas damas que denunciaron la falta de estufas, empezaba a vivir un cachorro desolado. Daniela lo vio paseando por la plaza. Flaco como una hebra de heno y sin un bocado ni cerca ni lejos. Bajo el calor, andaba olisqueando los rincones: pulgoso, en tres patas, con el lomo curvo de los desahuciados. “¿De quién es el perrito?”, preguntó la delegada de la Secretaría de Medio Ambiente?  “De nadie”, le dijeron. “Ya no ha de tardar en morirse.” “Si no es de nadie, me lo voy a llevar” dijo Daniela. “¿Hasta Puebla? ¿Se lo echamos en un costal?” Daniela maneja una camioneta de carga ligera. Es la que había en la oficina y en ésa se ha subido a recorrer los caminos. La parte de atrás está al aire. Una vez fui con ella de México a Puebla y no quise echar ahí ni me maleta. En cambio a los vecinos del pueblo les pareció buena idea colocar al perrito en un costal y ahí atrás. La delegada buscó una caja y lo puso junto a ella en el asiento de la camioneta. Troca, la llamaría en el norte de México y no sé cómo se les nombrará en otras partes a estos arriesgados vehículos. Ya dirán ustedes cómo en Venezuela, Costa Rica, España y el Cono Sur. En esos sustantivos y en tantos del tipo hablamos veinte lenguas o más. Desde ese momento, el desfalcado cachorro pasó al privilegio de tener una caja en la que descansar y un primer nombre: Chente, diminutivo local de Vicente. Pequeño héroe de la gran guerra del hambre, a punto de quedar a salvo.  “Éste cabrón perrillo sí va a cambiar de vida”, dijeron los campesinos: “¿Le va a dar croquetas?”

Música para mientras: Nube viajera.

Aviso de ocasión: vuelvo en un ratito a terminar el cuento. Sólo que ya es hora de salir a comer. Y me están arreando mis parientes. Porque ellos no comen croquetas y ya se quieren ir en busca de una carne al restorán de Arturo. Otro personaje que han ustedes ver por estos lares.