Desentonada, pero contenta

Ayer tuve un momento de debilidad que he pagado con una mezcla de rubor y arrepentimiento. Vinieron Jorge y Ana Sofía, a entrenarme en lo que para ellos son obviedades y para mí trucos y desafíos del mundo Nexos en línea. Se me ocurrió preguntarles cómo subir una foto y en el camino a los archivos encontré el enlace a una tarde de juegos en que grabé la desgarrada canción que acabó aquí. Todo es cosa de apretar una tecla y arriesgarse.

Punto y seguido: Verán ustedes: tengo un amigo que responde al nombre de Bruno Newman, pero que podría llamarse don Entusiasmo Arrebatos. Él inventó, hará como cinco años, hacer un disco con sus amigos los que cantan. No los profesionales, sino los que apenas oímos una guitarra, ni se diga un piano, y arrancamos a cantar con más énfasis que pudor. Entre ellos, sin reticencias, “una servidora” (gran expresión que me propongo reivindicar junto con “ésta es su casa”), que cuando la borrachera, -de los demás-, está en su apunto, aprovecho para, con toda sobriedad, actuar como la más borracha y repartir cuánto énfasis sea necesario ponerle a una canción. Están también en el tal disco Miguel Limón, ex secretario de educación pública, Manuel Arango, empresario de buena ley, el más chismoso e innombrable de los dos detectives con los que comí el sábado cantando una inigualable versión de “Rimel”, Ana Terán, una mujer guapísima que estuvo casada con un arquitecto, a su vez amigo de otro amigo del que estuvo enamorada Catalina Guzmán un personaje del libro de una servidora llamado  “Arráncame la vida”. Sin duda está en el disco don Entusiasmo, que también y para su bien es buen amigo de sí mismo. El resultado de semejante producción discográfica se titula “El oso”. Y con razón.

Punto y aparte: Lágrimas de Sangre no está en el disco. Pero la grabé el mismo día en que grabé las dos que sí están y de las que otro día de desvergüenza dejaré memoria.

Punto final: Ya cambié la lavadora. Resistí como una valiente el miedo a llegar con la embajada de que quería devolver una traerme otra. No hubo mayor desaliento entre los vendedores a los que supongo expertos en veleidades domésticas. Veremos cómo se comporta la nieta.

Música para hoy: Se me olvidó que te olvidé. No tengo la versión de don Entusiasmo, pero habrá otra.

Recomendación de hoy: Hay, aquí mismo, en la sección llamada “Actualidad del pasado” un texto de Norbert Elías sobre Mozart. Tan triste y bello que consuela leerlo.