Les dejo este recuerdo: una conversación

Los conversadores nos descubrimos hasta por teléfono. Yo sé de una mujer que en busca de una clase marcó un número equivocado y dio con una conversación en caída libre que empezó más o menos como sigue:
–¿Es ahí donde dan clases de gimnasia?–le dijo al hombre que levantó el auricular al otro lado de la línea.
–¿Usted quiere tomar clases de gimnasia?–le contestó una voz de animal fino.
–¿Por qué me lo pregunta como si lo dudara?–dijo la mujer.
–Porque cuando uno quiere tomar clases de gimnasia marca el número del lugar donde dan clases de gimnasia.
–¿Entonces no es ahí?
–¿Donde damos clases de gimnasia? No. Pero ¿usted por qué quiere tomar clases de gimnasia?
–Porque me están engordando las caderas.
–¿De verdad?
–Aunque usted no me lo crea.
–¿De dónde saca que yo no se lo creo?
–De que ustedes los hombres nunca nos creen a las mujeres cuando decimos que nos están engordando las caderas.
–Yo a las mujeres les creo todo lo que dicen.
–¿Es usted gay?
–No, pero podría yo ser.
–Se atreve a decirlo. ¿De qué planeta viene?
–Del único que usted y todos los demás tenemos la fortuna y el infortunio de conocer.
–Es bonita la Tierra ¿verdad?
–Menos cuando se vuelve horrible.
–Sí. A veces se vuelve horrible.
–¿A usted lo han asaltado?
–Todavía no. Pero ha de ser cosa de tiempo. Ya ve que últimamente el que no viene de un asalto va a un asalto. No se puede ni hablar de otra cosa.
–Hay quien habla de política–dijo la mujer.
–O de horrores. De lo que ya no habla mucho la gente es de amor. ¿No se ha fijado que hasta las telenovelas están abandonando el amor como tema central?
–No veo telenovelas–presumió la mujer.
–¿No ve telenovelas? ¿Cómo es que le han crecido las caderas?
–Me gusta demasiado lo dulce. Le pongo tres de azúcar al café. Me fascinan los tlacoyos de haba, las papas a la francesa, el pollo empanizado, los gusanos de maguey, la leche sin descremar, los quesos fuertes, el pan del que me pongan enfrente.
–Son una delicia los panes y el azúcar.
–¿Le parece? Dicen que esas cosas nos gustan más a las mujeres ¿Está seguro de que no es gay?
–Nunca hay que estar seguro de eso. Hay ratos en que me comería a besos a un hombre. Aunque siguen siendo más frecuentes las veces en que me comería a besos a una mujer.
–¿Por qué es más fácil?
–Nada es fácil con ustedes las mujeres.
–Vendernos cosas es fácil.
–Viera que no. Se lo digo yo que soy vendedor.
–¿Qué vende usted?
–Departamentos en condominio.
–De verdad. Yo me quisiera comprar uno.
–Tengo uno de ciento veinte mil dólares.
–Por eso le dije: quisiera.
–¿Cuánto tiene usted?
–Nada. Qué importa.
–Importa donde lo dice en ese tono.
–No me hable usted como mi papá.
–Que más quisiera yo que hablarle a una mujer como su papá.
–Pues usted habla como mi papá.
–Y usted habla idéntico a una novia que me quitó el sueño durante todos los años de carrera.
–¿Se casó con ella?
–No.
–¿La extraña?
–Sí.
–Dice una amiga mía que el amor de nuestra vida siempre es con el que no nos casamos. Yo digo que es porque en lugar de pedirle al cielo que nos calláramos se fue a otra parte para no oírnos. Siempre es más agradecible. ¿No cree?
–No sé bien qué creo.
–¿Me cree si le cuento un prodigio? Mi vecino dió con una mujer de la que estuvo enamorado cuando tenía quince años y a la que aún no podía olvidar a los cuarenta.
–Ya sé. Y cuando la vió se preguntó cómo era posible que hubiera estado perdiendo su tiempo en recordar a alguien que estaba así de gorda y arrugada.
–No. Ahí es donde aparece el prodigio. La vio y todo en él la quiso con más fuerzas que nunca.
–Y cada uno fue con su pareja y le dijo: encontré al amor de mi vida y ya me voy.
–No. Tú si que has visto telenovelas. Cada uno se quedó casado con quien estaba casado. Sólo se encuentran cada mes un lugar distinto.
–Eso es como de película francesa.
–Es mejor. Porque aquí hay sol y todo pasa más rápido.
–¿Ni siquiera han tenido el mal gusto de poner un departamento?
–Créeme que ni eso.
–Con razón no vendo condominios. ¿Me hablaste de tú?
–Es que hablas como mi papá.
–¿Cómo hablaba tu papá?
–Así–dijo mi amiga–con la seguridad de que todo lo importante ya estaba dicho. De modo que uno podía hablar sin tregua ni recato de todo lo trivial como si fuera muy importante. Me tengo que ir. Van a venir por mí.
–¿Cuál es tu teléfono?
–Uno que siempre está ocupado.
–¿Lo podrías usar para volver a llamarme?
–No sé qué número marqué.
–El de la gimnasia.
–¿No dijiste que ahí no dan clases de gimnasia?
–Ya no dan, pero dieron. Ahora estoy adatando el lugar para que sea oficina.
–¿Oficina para vender condominios?
–¿Qué quieres que haga? Estudié ingeniería y me gustaba la literatura. He tenido que acabar trabajando en algo más cercano a los sueños que a los cálculos. ¿Tú en qué trabajas?
–Otro día te digo.
–¿Me llamarás?
–Cuando tenga para el condominio.
–Puedo buscarte uno a plazos.
–Quieres decir, de plazos hasta siempre. No me interesa.
–Tonta. No hay como las cosas a largo plazo.
–Adiós.
–Si me llamas mañana te cuento una historia–dijo el hombre con una sonrisa que ella casi pudo ver.
Por supuesto, mi amiga quiso llamar. Ahora, se hablan a diario para contarse cosas entre las cinco y las seis de la tarde. Se conocen mejor uno al otro de los que los conocen sus parejas, sus hijos, sus padres, su fantasía de sí mismos o su espejo.

Supongamos que fueran santos: digamos no al pase automático

Supongamos que todos quienes trabajan en la administración pública son ángeles. Ni así sería justo, correcto, debido, concederle la Fiscalía General de la República a Raúl Cervantes. Porque es muy amigo de quienes estarían en la mira de su juicio. Si el presidente, si sus colaboradores son, todos, como se dicen, pozos de honradez, pulcritud y sabiduría, ¿por qué se empeñan en que los juzgue su amigo? Habla muy mal, sin duda muy claro, de ellos esta vulgaridad con la que quieren ganar a toda costa el pase automático de su procurador a la Fiscalía.
El nuevo fiscal ha de juzgarlos a ellos y a quienes gobiernen los siguientes años. Se dan por aludidos con gran facilidad, se ve que no están muy seguros de que habrá otros peces en el caos administrativo y judicial en que vivimos. O estarán por completo seguros de que ellos tiene mucho en donde buscarles. Una prueba de la pulcritud que pregonan sería, sin duda, dejar el litigio en el que se han metido para prevalecer ahora y en el futuro. Como si el futuro también les perteneciera.

Más largo y detallado, aquí abajo. Texto que se publicó ahora.

No al pase automático de Raúl Cervantes a la Fiscalía General de la República.

La mayor evidencia de la pésima calidad de la administración, procuración e impartición de justicia en México es la impunidad. Ello impide el castigo a quienes violan la ley, especialmente a los poderosos y se constituye en una de las principales causas de la indignación social, del divorcio y desconfianza entre los operadores y representantes políticos y la sociedad civil. La impunidad es fuente de violencia, corrupción, violaciones a los derechos humanos e ingobernabilidad.

De acuerdo con el Índice Global de Impunidad 2017, nuestro país ocupa el lugar 66 de 69 naciones con los mayores niveles de impunidad. Sólo siete de cada 100 delitos cometidos se denuncian, y alrededor del 98% de los casos quedan sin sentencia. La raíz de la impunidad mexicana reside en un modelo disfuncional que no atiende las causas ni los efectos de la criminalidad. Buena parte de esta responsabilidad está en las procuradurías, que son instituciones que no investigan bien o fabrican delitos por consigna.

Nuestras procuradurías fueron diseñadas como un instrumento de control político y de administración selectiva de la justicia, ajenas a las víctimas, la reparación del daño, la garantía de derechos y el debido proceso. Eso explica su arquitectura institucional, su modelo de gestión, sus prácticas institucionales, los recursos humanos con los que cuentan, la falta de recursos para que realicen sus tareas con eficacia, la ausencia de mecanismos de control y su desapego al principio de igualdad ante la ley.

Para erradicar ese diseño perverso y garantizar su autonomía se incluyó, en las reformas constitucionales de 2013, la creación de la Fiscalía General de la República (FGR) en sustitución de la actual Procuraduría General (PGR). No obstante, la discusión soslayó su funcionamiento, es decir, la posibilidad real de crear una fiscalía independiente de los poderes políticos, así determinó que quien fuera procurador en el momento de la transición se convertiría automáticamente en el primer fiscal “autónomo” transexenal por nueve años, y que el personal de la PGR formaría parte de la nueva Fiscalía.

Raúl Cervantes Andrade actual Procurador General de la República, es un reconocido militante y abogado del PRI, que pertenece al primer círculo presidencial, lo cual implicaría un obvio sesgo en su actuación como fiscal general.

El régimen priísta se opone a una verdadera autonomía e independencia en la institución que reemplazará a la PGR, y lo que busca es garantizar protección e impunidad más allá del presente sexenio a quienes se han enriquecido y beneficiado ilegalmente al amparo del poder. No olvidemos que este sexenio se ha caracterizado por tener los más escandalosos actos de corrupción, hechos que se han caracterizado por una ausencia total de investigación y que han provocado el hartazgo de todos los sectores incluido el empresarial. Lo que pretende es dejar impunes a los políticos corruptos que, además, han cometido graves y numerosas violaciones a los derechos humanos, seguir encubriendo a las extensas redes de complicidad que han tejido con recursos públicos.

Por todo lo anterior, nos sumamos a las voces de que desde la sociedad civil y la academia exigen que la nueva Fiscalía no herede los vicios de la actual Procuraduría:

• Nos oponemos al pase automático del actual procurador. Por ningún motivo Raúl Cervantes, o cualquier otra persona ligada a los intereses del poder, puede ser Fiscal General de la República. Ello significaría imponer a un guardaespaldas transexenal del actual régimen.

• El objetivo central del diseño de la ley orgánica de la Fiscalía General de la República debe ser construir una institución realmente autónoma, independiente y profesional, que responda con imparcialidad a la razón técnica de la ley y no a criterios de oportunidad política, que sea un pilar sólido del Estado de Derecho, la justicia, la seguridad pública y la gobernabilidad democrática.

• Es necesaria una reforma integral al artículo 102 que contemple los aspectos mínimos para garantizar la autonomía, independencia, funcionalidad operativa, personal calificado y suficiente, transparencia y rendición de cuentas de la Fiscalía General.

• Las leyes para regular la Fiscalía General deben ser resultado de un amplio debate técnico, informado, transparente y con una importante participación de la sociedad civil.

• El proceso para la selección y designación del Fiscal General de la República tiene que ser modificado de tal suerte que incorpore de manera expresa las garantías de idoneidad, publicidad, transparencia y participación de la sociedad civil en todo el proceso de selección, asegurando que la persona elegida no tenga filiación partidista y cuente con una reconocida trayectoria de honestidad, congruencia e imparcialidad; en suma, alguien a quien no le tiemble la mano para hacer aplicar la ley a quien la haya violado, sea quien sea.

La Fiscalía General de la República es pieza esencial del Sistema Nacional Anticorrupción. Adquiere mayor relevancia debido a que por una deficiencia en el diseño legislativo, la Fiscalía Anticorrupción estará totalmente subordinada a ella. Por ello, si bien conviene evitar que el fiscal anticorrupción sea un alfil del régimen, es mucho más importante que el fiscal general sea autónomo y honesto.

Así pues, hacemos un llamado al Senado de la República a que actúe con responsabilidad. Su disyuntiva es configurar una Fiscalía General fuerte y sólida que contrarreste la corrupción y erradique la impunidad, o bien cargar con la ignominia de haber conservado el manto de impunidad que protege a los poderosos.

Las sociedades de Chihuahua, de Veracruz y de Quintana Roo impidieron que los entonces gobernadores César Duarte, Javier Duarte y Roberto Borge aseguraran su impunidad con mecanismos similares. Si los senadores no escuchan la voz de la ciudadanía y permiten el pase automático del actual procurador o la imposición de alguien cuya misión sea cuidar las espaldas del presidente de la República y su camarilla, habrán perpetrado un golpe inaceptable contra la construcción de un Estado democrático de derecho y se habrán colocado del lado de la impunidad que este régimen pretende perpetuar.

Por terquedad informo

Muchos de ustedes ya habrán leído la solidaridad de Jesús Silva-Herzog con Héctor de Mauleón. yo la dejo aquí un rato, para quienes no la hayan visto entre los amigos de este blog.
.Jesús Silva-Herzog Márquez

Por terquedad informo

Reforma

Es una nota al final de su artículo. La colaboración de Héctor de Mauleón en El Universal del jueves pasado volvía a describir la barbarie de México. Al final del texto, una posdata discreta daba cuenta de la nueva amenaza. No hay adjetivos en su aviso. Con la sequedad habitual de su prosa, el periodista hacía pública la amenaza que había recibido y exigía a las autoridades lo elemental: que cumplan con su deber. “Desde hace más de 14 meses”, escribe, “cada vez que esta columna aborda el narcomenudeo en la Ciudad de México pasó al tocar la delegación Cuauhtémoc, ocurrió más tarde al hablar de Tláhuac, me llegan amenazas proferidas desde las redes sociales. Por terquedad informo que ahora más que nunca seguiré escribiendo sobre el tema y esperando que las autoridades den por fin con los responsables de este inaceptable intento de amedrentamiento”.

¿Qué es más admirable? ¿La valentía de la tenacidad o la compostura profesional ante la amenaza? Héctor de Mauleón no cede al miedo pero tampoco a la vanidad del perseguido. Continúa su trabajo sin subirse a un pedestal. Con terquedad sigue buscando la horrible verdad cuando muchos quieren ocultarla y pocos quieren conocerla. No le regala su silencio a los criminales. Tampoco utiliza el espacio público de su columna para colocarse en el centro. No hace inventario de todos los actos de intimidación, de todas las amenazas que ha recibido en los últimos meses. No describe el impacto de ver su retrato como diana de criminales. No detalla la manera en que su vida ha sido ya afectada por las intimidaciones. De Mauleón sólo deja constancia de la amenaza y sigue su camino.

Uno querría que Héctor de Mauleón dejara los peligros y se entregara de lleno a la descripción de los rincones de la ciudad. Que nos contara solamente de los viejos edificios y de las plazas de la capital, como lo ha hecho en artículos y libros. Que para caminar tranquilamente dejara de hablar de sicarios y de matanzas, que olvidara a los cárteles y a sus cómplices. Que cambiara de tema, que soltara una línea de su vocación periodística para entregarse a la amable historia de nuestras calles. Él no lo hará. Seguirá alternando sus cartas de amor a la ciudad con las denuncias de su podredumbre. No callará el horror porque sabe que en el silencio está la victoria de los bárbaros. La valentía de su periodismo es por eso indispensable. Pocos como él se han atrevido a describir la descomposición nacional con esa sobriedad y ese rigor. Su periodismo no se doblega a una causa. No confunde hechos y opiniones. No vuela con la especulación, no generaliza, no fabrica conspiraciones, no sube el tono para provocar efecto en el lector. Investiga e informa. Sus breves noticias del crimen son cátedras del periodismo necesario. Sólo con una prosa seca y precisa como la suya, sólo con reportajes meticulosos y puntuales como los que publica regularmente, podemos comprender nuestros frecuentes descensos al infierno. Comprender el horror y hacerle frente.

Héctor de Mauleón no solamente ha resistido la tentación del silencio, sino también la tentación de la secta. El periodismo resiente el efecto de la intimidación y también la perversión de la militancia. Su escritura no busca el aplauso de una tribu. Sabe bien que habrá siempre alguien a quien lastimen sus revelaciones. Como medalla puede portar las acusaciones de traidor: son muestra de la decepción que su honestidad genera en los sectarios. El miedo calla. El sectarismo pide administrar la verdad: ocultar lo que resulte desfavorable a la causa; exagerar los vicios del enemigo; maquillar hechos para que embonen con el prejuicio. Si Héctor de Mauleón no cree en el periodismo de cruzada es porque, como ha dicho, en el momento en que el reportero se imagina como héroe de caballería, pervierte la profesión. Al entregarse a una causa (así sea la más noble) deja de hacer periodismo para hacer militancia.

Pocas profesiones tan solitarias y vulnerables como lo es el periodismo en el México de hoy. Dejar letras en un diario es un acto de enorme responsabilidad cívica. En tiempos de violencia y sectarismo, frente a una sociedad desinteresada en la verdad fastidiosa y una política polarizada que exige lealtades por encima de cualquier otra cosa, no es fácil escribir con lucidez, decoro y valentía. Pocos periodistas están a la altura del drama que vivimos como Héctor de Mauleón.